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Desinhibición en las redes.

Isabel Larraburu

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Magazine La Vanguardia

Un escribidor que se auto percibe como émulo de Cervantes se explaya exuberantemente ante sus virtuales admiradores con un estilo rayano a lo churrigueresco, si este fuera aplicable a algún tipo de estilo literario. El tono es afilado, saleroso y sagaz aunque el contenido es baladí. La forma literaria es un fin en sí mismo y se puede palpar la delectación narcisista del escribiente al desplegar sus bien seleccionadas expresiones.

El corresponsal es erudito y culto, probablemente inédito, pero la virtualidad le concede la oportunidad única de eludir un anonimato a dónde podría haber sido desterrado hasta el final de sus días. Sin ni siquiera haberlo fantaseado hace una década, sus letras ahora pueden por fin ser justamente valoradas por un público también anónimo e insospechadamente extenso, repartido a lo ancho y largo del mundo de habla castellana sin tener que verse sometidas al visto bueno de ningún corrector ni editor y sin tener que supeditarse a un control de calidad ni a las exigencias de mercado. Su plataforma es un chat de temática literaria.

Licencia para lo procaz  y lo soez.

Pero no todo es artístico y enriquecedor en la sociedad paralela del ciberespacio. Un paseo candoroso y sin prejuicios por el submundo de los chats puede llegar  a ofender y herir la susceptibilidad de más de un visitante. Las palabras y frases que se leen en las tertulias virtuales son un glosario de escatología. Pocas veces en la “vida real” se tendrá ocasión de presenciar conversaciones de tal catadura. El anonimato online permite expresar lo peor de cada uno, sin censuras ni consecuencias. Es la licencia para matar. El “efecto  desinhibición” del ciberespacio.
Una espada de doble filo.
El psicólogo social John Suler, investigador de la psicología del ciberespacio, estudia las diferencias entre las relaciones ciberespaciales y las relaciones cara a cara. Las reglas sociales en el ciberespacio se han ido gestando en base a una auto regulación que la provee de características propias, con sus ventajas e inconvenientes. Por una parte, el anonimato favorece una rápida apertura de emociones secretas, miedos y deseos. En el lado negativo, el medio facilita la expresión del lenguaje procaz, críticas feroces, rabia e incluso amenazas.
Las razones del efecto “desinhibición”.

El anonimato. Cuando las personas tienen la oportunidad de desvincular su conducta en el chat  del “mundo real” y de su identidad, se sienten más dispuestos a abrirse y más protegidos. Digan lo que digan, no van a tener que responsabilizarse por ello ni se relacionará con el resto de su vida. Se produce una “disociación” .
La invisibilidad. Esta característica de la sociedad virtual permite a todos introducirse en lugares y hacer cosas que de otro modo no serían capaces. No existe la inquietud sobre el aspecto personal y la voz ni hay que  controlar la expresión de la cara. Esto puede simular la postura de un psicoanalista que se sienta de modo que el paciente no pueda observarlo ni observar sus reacciones. De este modo este se siente capaz de revelar sin inhibiciones sus sentimientos e inquietudes más íntimas.
Asincronía o reacción retardada. La comunicación en foros y mails es asincrónica. Es decir, no se realiza en tiempo real. Este hecho puede compararse a una situación en la que se dice algo demasiado íntimo o demasiado hostil y se sale corriendo para eludir una respuesta inmediata.
Vemos lo que queremos ver. La ausencia de señales no verbales juntamente con el texto produce curiosos efectos. Asignamos características al otro de acuerdo con nuestras expectativas, deseos y necesidades. La interacción se hace fluida y desinhibida porque hemos construido en nuestra mente a nuestro interlocutor, por lo que este termina siendo nuestra propia creación.
La nivelación del estatus. Las relaciones virtuales se nivelan en poder. Desaparece la figura ascendente o de autoridad y se establecen relaciones igualitarias, de compañerismo. Por esa razón, nadie se cohíbe al hacer afirmaciones transgresoras o comportarse mal.

La recreación de los sueños.

Para el sociólogo Francesc Núñez, los foros y los chats poseen un poder de atracción incontestable: la posibilidad de soñar. La carencia e imprecisión de señales y contextos socioculturales conduce a que el participante los cree y complete en su imaginación. La comunidad virtual ofrece, al igual que los sueños, la oportunidad de experimentar con los propios sentimientos sin tener que sufrir las consecuencias que esto produciría en el mundo real: la fantasía, la espera imaginativa, la simulación de personalidades, la expectativa abierta ante lo que puede pasar, la posibilidad de presentarse y aparecer como uno quiere o querría ser y la proyección de las propias necesidades. Una fábrica de sueños, como dice Núñez. Con la ventaja de ser interactivos.

 

 

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