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Adictos al impulso. Impulse junkie.

Isabel Larraburu

Adictos al impulso. Impulse junkie. PDF Print E-mail
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Hemos sabido por diversas fuentes de los problemas de la actriz Winona Ryder con la justicia. Una actriz de éxito, con todos los medios a su alcance para vestirse bien y con todos los lujos, fue, repetidamente sorprendida robando en tiendas de moda.

Su problema encaja exactamente dentro de lo que en los manuales de clasificación psiquiátrica se denomina cleptomanía, un trastorno psicológico que se engloba en los llamados Trastornos del Control de los Impulsos. Según la definición de la Real Academia Española, una persona impulsiva se describiría como alguien que “llevado de la impresión del momento, habla o procede sin reflexión ni cautela”. El impulsivo tiene una gran dificultad para resistir un deseo o motivación, siendo incapaz de tener en cuenta si sus acciones son perjudiciales para sí o para otros. Además, su conducta impulsiva le permite experimentar placer, gratificación inmediata o liberación de la tensión en el momento de realizarla. Otra de las características es que una vez realizado el acto impulsivo, haya o no arrepentimiento, autorreproche o culpa, invariablemente el individuo afirma no poder refrenar el impulso que le arrastra a la acción.


La búsqueda de la satisfacción inmediata.

El que tiene dificultad para controlar sus impulsos, se ve incapaz de dejar de hacer algo que desea hacer, aunque sepa que no debe hacerlo o resulte peligroso para sí mismo o para los demás. Simplemente no puede postergar el placer. Las conductas impulsivas muchas veces se transforman en conductas de riesgo ya que son seguidas de consecuencias placenteras inmediatas, mientras que los efectos negativos suelen sobrevenir a largo plazo. Cuando estas consecuencias negativas se manifiestan, es probable que el impulsivo ni las tenga en cuenta ni las aproveche para la próxima ocasión, ya que otro de sus rasgos característicos es la incapacidad de aprender de la experiencia.

Una conducta normal y adaptativa supone elegir responsablemente, ponderando un equilibrio entre el “quiero, puedo y debo”. El impulsivo se rige simplemente por el “quiero hacer”.

Algunos investigadores del ámbito de las ciencias sociales, sugieren que nuestra sociedad ha propiciado estas disfunciones con el aprendizaje de la violencia, la inmediatez de la satisfacción, la incapacidad para tolerar las frustraciones y el predominio de “lo quiero todo y ya” generando personalidades inestables incapaces de pensar por sí mismas, a la espera de que otro les ponga freno, como cuando eran niños.

Intolerancia a la frustración.

Los impulsivos no soportan de buen grado las privaciones, la tardanza en lograr los objetivos o la frustración en la consecución de sus deseos. Confunden deseos con necesidades.

Sus ideas más arraigadas son las siguientes:

1. Tienen derecho a obtener y exigir todo lo que desean.

2. Las circunstancias no deben presentar muchas dificultades y la vida ha de ser fácil y sin obstáculos.

3. Las dificultades, demoras o inhibiciones son imposibles de sobrellevar.

En el caso de que la vida no se acomode a su manera de ver las cosas pueden ser personas constantemente frustradas, amargadas, malhumoradas y deprimidas. Una adecuada capacidad para controlar los impulsos implica que la persona utilice su potencial de reflexión como intermediaria entre sus anhelos y las limitaciones de la realidad, las costumbres, los deseos de los demás, las prohibiciones y las leyes para poder resistirse a sus arrebatos y aguardar sus satisfacciones.

Enfermedad o personalidad.

Si bien la clasificación de los trastornos de la impulsividad solo abarca estas disfunciones que hemos descrito, es innegable que la dificultad para resistir los impulsos y la precipitación en la acción, están presentes en muchas otras patologías psiquiátricas. La impulsividad patológica está presente en el alcoholismo, abuso de sustancias psicoactivas, compras compulsivas, trastornos de la conducta alimentaria, conductas auto agresivas y suicidas y las parafilias en las conductas sexuales.

Se considera que la tendencia a la patología impulsiva está más ligada a una personalidad disfuncional que a una enfermedad concreta.

Existe, concretamente un trastorno de la personalidad llamado Trastorno Límite de la Personalidad que se distingue por las acciones impulsivas, la inestabilidad en el estado de ánimo y las relaciones interpersonales caóticas.

Estas personas se comportan de manera impulsiva en áreas que tienen un gran potencial autodestructivo como son el consumo de drogas, el alcoholismo, las conductas sexuales de riesgo, las auto lesiones, las conductas suicidas, el apetito voraz, la cleptomanía y todo el abanico de comportamientos peligrosos para el afectado y para su entorno.

Clasificación de los trastornos del control de los impulsos

1. Trastorno explosivo.

Episodios de pérdida del control de los impulsos agresivos que dan lugar a actos violentos, graves o a destrucción de la propiedad. La agresividad manifestada no es en absoluto proporcional al motivo desencadenante.

2. Cleptomanía.

Dificultad persistente en aguantar los impulsos de robar objetos que ni son necesarios para el uso personal ni se toman por su valor. Esos objetos pueden ser luego abandonados, regalados, escondidos o, simplemente olvidados. Normalmente la persona tiene suficiente dinero como para poder adquirir lo que roba pero siente una necesidad y tensión al hacerlo para acabar experimentando una intensa gratificación o alivio después de cometido el acto.

3. Juego patológico.

Incapacidad crónica y progresiva para resistir los impulsos a jugar apareciendo una conducta de juego que compromete y lesiona los intereses personales, familiares o vocacionales. Los problemas que van surgiendo como consecuencia del juego tienden a potenciar la propia conducta de seguir jugando.
Lo más habitual es que aparezcan importantes deudas personales con imposibilidad para poder satisfacerlas implicándose otras responsabilidades financieras y llevando progresivamente al deterioro en las relaciones familiares, el trabajo y demás.

4. Piromanía.

Tendencia patológica a la provocación de incendios. La sintomatología esencial es producir incendios de forma deliberada y consciente en más de una ocasión lo que conlleva una gran tensión y activación afectivas antes del incendio y termina con una gran liberación e intenso placer o alivio al encender el fuego, al presenciarlo o al participar en sus consecuencias. Además el sujeto suele sentir interés, curiosidad y atracción por todo lo relacionado.

5. Tricotilomanía

Consiste en la imposibilidad repetida para resistir los impulsos de arrancarse el propio cabello. Se experimenta un aumento de la sensación de tensión inmediatamente antes de realizar la conducta para terminar logrando una sensación de alivio o gratificación al arrancarse el pelo.

Moderar los impulsos.

Si bien es cierto que la tendencia a la impulsividad es más un rasgo de la personalidad que una enfermedad en sí, no cabe duda que un entorno favorable puede fortalecer el hábito, mientras que una adecuada educación moderaría la predisposición.
Algunos estudios han demostrado que en situaciones de estrés, la persona puede cambiar sus prioridades a la hora de actuar. Sus planes y objetivos a largo plazo, por ejemplo, la dieta, pueden irse al traste por la necesidad apremiante de mejorar el estado de ánimo. De este modo, la auto terapia del estado de ánimo se sitúa en primer lugar antes que cualquier propósito a medio y largo plazo para mantener la salud. Lo mismo puede pasar con el hábito de fumar. La necesidad inmediata de sentirse bien estando bajo un estado de estrés prevalece sobre la motivación. Por tanto vemos que las conductas impulsivas se dan en personas predispuestas en situaciones de estrés, que no toleran la frustración y que no pueden prescindir de una gratificación inmediata.

Pautas preventivas de conductas impulsivas

* Desarrollar la capacidad de persistir en objetivos a largo plazo.

* Impedir que el estado de ánimo desencadene la conducta impulsiva. Utilizar métodos alternativos al impulso en caso de estar desanimado o rabioso. Por ejemplo, llamar a un amigo o ir al cine.

* Entrenarse en aplazar gratificaciones hasta después de terminar una tarea desagradable. Por ejemplo, comprarse algo de ropa solo después de terminar un trabajo atrasado.

* Antes de realizar una conducta impulsiva, obstaculizarla. Por ejemplo, si no se quiere terminar comiendo la bolsa entera de cacahuetes, habría que controlarse al principio de la cadena de acciones, como no comprar la bolsa.

* Utilizar estrategias desalentadoras para no actuar compulsivamente. Por ejemplo, no llevar encima la tarjeta de crédito en caso de ser un comprador compulsivo.

* Utilizar conductas incompatibles con el impulso. Por ejemplo, si se quiere dejar de fumar intentar hacer un deporte exigente que sea incompatible con el tabaco.

 

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