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Peter Pan, el niño que no quería crecer

Isabel Larraburu

Peter Pan, el niño que no quería crecer PDF Print E-mail
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Revista Play Boy

No es una cuestión de edad. Existen ejemplares de 30, 40, 50, 60 años y los hay que mueren siendo Peter Pan, a pesar de la infatigable inversión que dedican a soslayar la vejez. La condición de Peter Pan se define técnicamente como "la incapacidad de dejar atrás el rol de hijo para transformarse en padre".

El hombre/niño que se resiste a crecer es incapaz de cuidar y proteger a nadie así como de intercambiar papeles igualitariamente en el contexto de una pareja. Exhibe un desfase patológico entre su edad cronológica y su madurez afectiva. Hombres que presumen de joviales, simpáticos, alma de las fiestas, deportistas, aplicados seductores de jovencitas a edades notoriamente inadecuadas, con frecuencia no son más que "peter panes" afectivamente inmaduros y promotores de mucha desdicha en las relaciones de pareja. Se trata de hombres que no han aprendido la diferencia entre haber crecido y ser adultos.
Este tipo de personalidad fue descrito por un psiquiatra norteamericano llamado Eric Berne en 1966 inspirado en la simbología poética del cuento de James Matthews Barrie, escrito en 1904. Para el psiquiatra, el protagonista representa el niño que llevamos dentro. Es un niño egocéntrico y narcisista, preocupado básicamente por sus propias necesidades y demandas. Posteriormente, un psicólogo en 1983, Dan Kiley escribió un libro sobre esa tipología: "El síndrome de Peter Pan". Un año después, su siguiente libro describía los rasgos de Wendy, horma del zapato de Peter Pan, su pareja complementaria y madre sustituta. El tipo exacto de persona que hace posible la existencia y mantenimiento de los "peter panes".

¿Qué has hecho con mis calcetines?
"Pero vamos a ver: me compré seis pares de calcetines en aquella tienda exclusiva donde se abastece el presidente. Te había dicho que los lavaras a mano y los colgaras uno al lado del otro. Cada semana, alguno de ellos pierde su pareja. ¿Se puede saber cómo los haces desaparecer?"
No creáis que el tiranillo intemperante, de nombre Pedro, se está dirigiendo a su asistenta. La que padece el exabrupto es su novia, Eva, una joven economista de 28 años, que trabaja todo el día, tratando de hacerse un lugar al sol en la jungla de su empresa. Eva fue sometida a una programación estricta desde pequeña para ser una buena niña/hija/chica/amiga/hermana/ estudiante/profesional/esposa y madre. Sorprendida ante esa nueva faceta de Pedro que no había tenido ocasión de conocer, revisa infructuosamente los vericuetos de la máquina de lavar, las mangas de las camisas, las fundas del edredón, debajo del colchón y dentro de la nevera con el fin de dar con los dichosos calcetines. Reacciona automáticamente, impulsada por un reflejo condicionado. Mientras obedece su instinto, un destello de luz de su conciencia la hace verse patética y encogida, atrapada en falta ante la autoridad. Con cierto retraso atina que Pedro, evidentemente, no sabe donde están los calcetines porque ni los ha puesto en la lavadora, ni los ha guardado en la cómoda, y, peor aún, ni siquiera los ha levantado del suelo del lavabo al quitárselos. Se da cuenta con desazón de que su novio, sin siquiera haberle agradecido sus favores, se comporta como un individuo con derecho a quejarse de su rendimiento como sirviente. Pero aquieta sus reflexiones, no quiere crearle problemas a Pedro. Quitándole trascendencia al incidente, se propone seguir más de cerca los calcetines.

La sociedad los hace y ellos se juntan.
La convicción de poseer el derecho innato a ser cuidado y mimado encaja como anillo al dedo con el convencimiento de muchas mujeres de que amar consiste en " mimar, proteger y cuidar." El eterno adolescente tiene la creencia de que el resto de los mortales está en el mundo para atenderlo, organizarle la vida, hacer sus recados y gestiones prácticas, mientras ellos están en este mundo para "volar". El afectado por el "síndrome de Peter Pan" no se siente nunca obligado a agradecer favores porque todo lo que hacen por él es algo que da por sentado y porque explota constantemente su postura de desvalido. Según él, está llamado a hacer tareas más trascendentes y no puede perder tiempo en cosas nimias. Por eso necesita siempre a su lado a alguien que las haga por él. Y no cabe duda de que siempre encuentra a alguien dispuesto a hacerlas porque si no, no existirían tantos hombres como él.

La Wendy de Pedro.
Desde el día que decidieron compartir el piso, Eva se encargó de ordenar documentos, realizar gestiones bancarias, hacer y organizar las fotos y videos , cumplir con las labores domésticas, administrar la economía y contratar seguros ya que, según expresión de Pedro, el no “servía” para la burocracia. Afirmaba que confiaba y delegaba absolutamente en ella. Su mesa de trabajo en el rincón del piso que él había decidido que sería su espacio “crecía” con el tiempo y cada semana, por obra de su incondicional compañera, retornaba a su altura funcional. En palabras de Pedro, la “inteligencia práctica” de Eva era incomparable, no podría vivir sin ella. Ella era todo para él. Cuando decidió hacer el master, ella le hacía los resúmenes, para un mejor aprovechamiento del tiempo.

La necesidad de ser necesitada.
Eva era una buena persona según criterio universal. Entre sus virtudes destacaba la postergación de sus necesidades en favor de las de los demás. Seducida por la alegría de su novio, su creatividad en el ámbito de los negocios y su carácter divertido, creía que él sería el perfecto contrapunto para su sombrío realismo. Recordaba a Susanita, el conocido personaje de Quino, la antítesis de Mafalda. Le encantaba tener su casa en orden, se esmeraba en ser una perfecta ama de casa. Con gran vocación de mamá, su idea de ser amada consistía en que la necesitaran y en hacerse imprescindible. Su máximo nivel de rebeldía consistía en un ademán de criada respondona, incapaz de dar un paso para cambiar su situación. Poseía el espíritu de sacrificio necesario para hacer las tareas que nadie deseaba hacer en una casa. Y se sentía feliz de que se le valorara su capacidad de sacrificio y resistencia a la frustración.

Mi estrés es mayor, mi resfriado más fuerte.
Los problemas de la pareja se iban sorteando gracias a la mano izquierda de Eva, su escasa auto estima, su necesidad de cariño y su baja exigencia, que la hacía sentirse recompensada con la nada. Fue aprendiendo a darse cuenta de que era inútil quejarse de su gripe porque Pedro replicaba que él también se sentía mal, casi peor que ella. ¿Cómo iba a perder la ocasión de hacerse cuidar? Y, sobre todo, ¿cómo iba a cuidar a Eva? Más le valía que se curara pronto porque había cantidad de cosas que hacer…
Un "peter pan" no puede disimular su desinterés por todo lo que no sea lo suyo. Porque sus problemas siempre van primero. Su tema preferido de conversación son su estrés, su coche, su golf, la discusión con su jefe, su salud… Su canción preferida es la que glosa sus méritos, la oda a su inteligencia, su elegancia, su creatividad, su forma física… Egocentrismo y narcisismo, rasgos típicamente infantiles sin superar.

Pedro se niega a crecer.
Un día, Eva se arma de valor e introduce el tema de un posible embarazo. Pedro entra en crisis. Ni él mismo entiende lo que le pasa, pero le vienen rabietas y le asaltan fantasías de huída. Ni en sueños se ve cambiando pañales, dejando de salir con los amigos para ir a la plaza con el cochecito ni pasando noches sin dormir por culpa de un crío. Además ya se imagina a Eva pendiente del niño y, siente celos por anticipado. No, ni hablar. La pareja en este momento inicia un alejamiento y Pedro se lleva los trastos a casa de sus padres. Así como dice Peter Pan en el cuento, él piensa para sus adentros: "NO QUIERO SER MAYOR"
La psicoanalista argentina, Isabel Monzón expresa en un erudito análisis del cuento de Peter Pan aplicado a los tipos psicológicos de la pareja Peter Pan/Wendy que esta se forma a partir de las necesidades de cada uno. De una dependencia mutua. El necesita poner sus exigencias en primer lugar y ella necesita sacrificarse para demostrar su amor y, teóricamente, recibir amor a cambio.
En el cuento, Peter Pan vuelve a buscar a la hija de Wendy y más tarde a la hija de la hija de Wendy y cumple el deseo de vivir su juventud para siempre. En la vida real, la juventud inexorablemente se pierde, a pesar del esfuerzo patético de los "peter panes" por vivir otras juventudes prestadas, a través de las chicas jóvenes.

Atreverse a crecer.
Ante todo, el Peter Pan tendría que concienciarse de que tiene un problema. Muchos de ellos se tienen por encantadores, por el premio de la rifa. No llegan a la autocrítica necesaria para ver que están abusando de los demás. Creen que con su presencia basta. Sin embargo, ellos son los más perjudicados por la soledad en la que desemboca su vida. Sus amigos son superficiales y circunstanciales y sus amores, al final de la vida, son interesados y falsos. No pueden desarrollar relaciones amistosas o afectivas sólidas.
Si reconoces que tienes estas características, aún estás a tiempo de cambiar algunos comportamientos que podrían dificultar la formación de vínculos afectivos maduros.
Pero también es cierto que muchas madres, novias y esposas tendrían, asimismo, que dejar de producir “peter panes”. Nunca se acabarán los Peter Pan en este mundo, mientras sigan existiendo las Wendy. Su creador decía, casi como una profecía:”Peter Pan regresará siempre, siempre, mientras los niños sean alegres, inocentes...y hasta un poquito egoístas”.

Despiece 1
¿Te reconoces como Peter Pan?
- Peter Pan posee el deseo interno de ser cuidado, que sus demandas sean satisfechas, y da por sentado que los demás se encargarán de todo eso. Se sorprende y se enfada si no es así. Además sus necesidades son apremiantes, no se pueden postergar.
- Peter Pan no cree que tenga la obligación de contribuir a amar, dar o hacer. Más bien su inquietud se concreta en recibir, pedir y criticar.
- No está hecho para la vida adulta, no puede cumplir promesas, mantener un trabajo, una pareja, una casa porque no se puede comprometer. Está comprometido con el no-compromiso. Nada puede obstaculizar su libertad.
- Las necesidades básicas de Peter Pan suelen ser cubiertas por otra persona. Esa otra persona acostumbra a ser alguien a quien le gusta cuidarlo. Aunque esa otra persona siente un cierto malestar por el abuso, no hace nada al respecto para no provocar conflictos a Peter.
- Peter Pan no se responsabiliza de sus emociones, siempre cree que el otro es el responsable de sus sinsabores y contrariedades.
- Peter está centrado en sí mismo, sus disgustos, su rabia, su desaliento, su estrés, su trabajo excesivo...
- El papel de la persona que cuida a Peter puede estar encarnado por una madre, una hermana, un padre o una esposa, la pareja que sustituye a la madre.

Despiece 2
¿La reconoces como Wendy?
- Cuando habla de su familia suele decir que tiene tres hijos, su marido y los dos niños.
- Le gusta sentirse imprescindible.
- Cree que el amor es sacrificio y resignación.
- Se vive excusando contigo.
- Justifica continuamente tu mal comportamiento e informalidad ante los demás.
- Evita a toda costa que te enfades.
- Siempre te está pidiendo perdón.
- Intenta continuamente hacerte la vida agradable.
- Te hace psicoterapia y fisioterapia cuando vienes del trabajo.
- Insiste en hacer cosas por ti. Va a la tintorería, al gestor, al banco, a pagar impuestos, a comprar el regalo de tu secretaria y te hace, sin protestar, todas tus tareas aburridas o incómodas.
- Respeta tus espacios y tus salidas con los amigos sin discutir.

Despiece 3
¿Eres recuperable?
- Aprende a tolerar las frustraciones sin hacerte la víctima.
- Preocúpate por el bienestar de las personas que amas.
- Escucha activamente los problemas de los demás.
- Acepta la pérdida de privilegios que comportan los compromisos.
- Entiende que al tomar una decisión, siempre hay una desventaja que asumir.
- Todos somos responsables de nuestras propias emociones. No son los demás que nos hacen enfadar, somos nosotros que nos enfadamos.
- Establece relaciones más equitativas con las personas, no les pidas aquello que no eres capaz de dar.
- Dar las gracias no significa rebajarse ante los demás. Ten en cuenta que nadie nació con la obligación de servirte.

 

 

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