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Elogio a la siesta.

Isabel Larraburu

Elogio a la siesta. PDF Print E-mail
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Sucedió durante el Forum de las Culturas de Barcelona: un maestro budista de

probada serenidad y dulzura, desarrollaba su ponencia ante una amplia

concurrencia.

Parlamentaba con aquél inglés parsimonioso, propio de los habitantes de la India. Su conferencia era intercalada por intervalos de una traducción diferida. La impresión general era que el maestro estaba logrando un efecto de trascendencia en los asistentes, solamente con el poder de sus palabras, alcanzando un sosiego contagioso, casi meditativo.

La intérprete, de origen latinoamericano, no aportaba, por su parte, ni un asomo de brío a la atmósfera. Los oyentes, interesados e implicados, la seguían con atención reverente, hasta que en un momento dado, el silencio se hizo largo, muy largo, interminable incluso para unas personas que valoraban más el silencio que las palabras. No había traducción. La infortunada intérprete había sucumbido a un profundo sopor, emitiendo ronquidos delatores que produjeron al principio escándalo y después hilaridad general.

La reivindicación del sueñecito.

La conocida costumbre de la siesta en los países mediterráneos ha empezado a ser legitimada en otras latitudes gracias a los recientes estudios de investigadores de la universidad de Harvard sobre sus beneficios. Los científicos demostraron que la alerta y el rendimiento en la ejecución de tareas visuales disminuían a medida que pasaba el día. Otro grupo de personas a quiénes se les permitía “echar un sueñecito” de treinta minutos durante el día mostraron un rendimiento estable, que no decaía. Un tercer grupo al que se le permitía una siesta de una hora logró un rendimiento equivalente o incluso mejor que en las primeras horas del día.
Desafiando la ética profesional preceptiva que hace prevalecer la productividad y el rendimiento ante cualquier otra necesidad en la empresa, los científicos de Harvard proponen la adecuación de “estancias para dormitar” habilitadas con despertadores en el mismo espacio de la empresa para favorecer el rendimiento del trabajador. Incluso se preguntan ¿qué otra herramienta de productividad existe que pueda lograr un 34% de optimización del rendimiento? Ante esta pregunta, hasta las empresas japonesas están considerando un cambio de logística.
Los cabeceos cortos son beneficiosos en la medida que no dan tiempo a que la fase de sueño llamada REM (aquella en la que se sueña) tenga lugar. Se supone que la otra fase del sueño, la conocida como la del sueño lento, que se da al conciliar el sueño, es la que promueve el incremento de productividad y alerta en la persona después del descanso.
Cada vez son más las compañías norteamericanas sensibilizadas por el tema que ya incluyen períodos para dormitar del mismo modo que permiten un descanso para el café. En la compañía del Metro de Nueva York existen unos cubículos para la siesta acondicionados con ruido blanco y sistemas de despertadores para los empleados estresados previo pago de 14 US$ por sesión.

Aprender a ser un “durmiente eficiente”.

Según los expertos en siestas cortas y eficientes que aumentan el rendimiento, es aconsejable seguir las siguientes pautas:

  1. Limitar la siesta a 20 ó 30 minutos como máximo. Los expertos indican que 20 minutos es el tiempo ideal. Si se duerme más tiempo, la persona puede despertarse atontada y cansada.
  2. Utilizar siempre un despertador para acotar la cabezadita. Es la mejor manera de perder el miedo a dormir demasiado.
  3. Si se tiene la suerte de poseer un despacho privado, solo hay que cerrar la puerta y desconectar el teléfono. Los que trabajan sin intimidad, deben ser más creativos y buscar salas vacías, bancos en el parque, el propio coche, o, en su defecto, el lavabo.
  4. Es aconsejable echar el sueñecito durante el bajón de energía que se da después de la comida, sobre todo si ya se lleva más de ocho horas despierto, para no romper el ciclo vigilia/sueño.
  5. Si no se consigue dormir no hay que preocuparse. Aunque no se experimenten los beneficios completos de la fase de sueño lento, solo el hecho de relajarse con los ojos cerrados puede ser útil.

 

 

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