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Las feministas del pintalabios

Isabel Larraburu

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Magazine La Vanguardia

La feminista de segunda generación, inspirada por el movimiento reivindicativo de los años 70, se dio cuenta de que las cosas habían cambiado cuando su sobrina adolescente le mostró con excitación y complicidad el “wonderbra” que se había comprado: un sostén que eleva y realza los senos. La feminista recordó que en su época apenas se atrevía a ponerse un poco de rímel en las pestañas ya que cualquier muestra de frivolidad podía hacer que la tildaran de mujer objeto.

Pensó que habían pasado más de treinta años y que ya eran prehistoria las manifestaciones feministas de su generación en las que la reivindicación por la igualdad de sexos llegó a simbolizarse con la quema de los sostenes. De la quema de sostenes al wonderbra. Desencantada, maldijo la ola conservadora que se inició con Reagan, que prosigue con Bush y que se fortalece aún más gracias a los líderes religiosos fundamentalistas en activo.
El estudio de las tendencias sociales define la primera ola de feministas como la que se originó en la segunda mitad del siglo XIX logrando en los Estados Unidos la educación superior para las mujeres, derechos de propiedad para la mujer casada, acceso de las mujeres a diversas profesiones, como la medicina y, finalmente  el derecho al voto.
La segunda ola de feministas surgió en los años sesenta del siglo XX. Su enfoque era colectivista y sus logros removieron leyes, patrones de pensamiento y conductas. Trabajaron para ampliar las oportunidades sociales abiertas a las mujeres, para la liberación de la mujer en la esfera de la reproducción y sexualidad y para cambiar su vida privada y doméstica. Su influencia se irradió por todo el mundo.
Ella no se avergonzaba de ser fuerte, de decidir, de mostrar su lado masculino, de triunfar por sí misma, sin tener que estar detrás de un hombre. Sabía lo que quería. Esto hizo que se pusiera de manifiesto un gran desfase entre el hombre y la mujer y entraran en crisis las definiciones de lo femenino y  lo masculino.

La feminista del pintalabios (“lipstick feminist”).

Con el advenimiento del neo conservadurismo (“neocon”) y sus posiciones más individualistas, aparecieron nuevas derivaciones del feminismo.
Las hijas de esas feministas de entonces, las neofeministas de entre quince y treinta y tantos años, se agrupan, especialmente en los Estados Unidos, en organizaciones que conforman el llamado feminismo de tercera generación, o tercera ola (“third wave feminism”). 
Estas  aceptan la diversidad y la individualidad dentro del movimiento y ponen de manifiesto ciertas cuestiones pendientes heredadas del feminismo de los años setenta. Es cierto que, gracias a él, la mujer pudo trascender y liberarse de la dependencia económica del hombre, pero no pudo evolucionar al lado del hombre. Las mujeres de ahora, rentabilizando los logros de esas feministas, están programadas para pensar que pueden obtener todo, pero aún no han resuelto la disyuntiva profesión/familia. Ciertas voces representativas del movimiento “neocon” aprovecharon para deslizar la idea oportunista de que el feminismo había muerto. Pero no parece que sea del todo cierto. La tarea sigue aún, pero con algunas diferencias.

Lo femenino dentro del feminismo.

Las periodistas treintañeras, Jennifer Baumgardner y Amy Richards, publicaron en el año 2000 su libro “Manifesta: Young women, feminism and the future”, un libro que apuesta por la continuación del feminismo en política, educación y cultura. Estas líderes activistas de la organización de mujeres “Third Wave” (Tercera ola) tienen, no obstante, como principales detractoras a las intelectuales de la segunda ola de feministas.
“Las mujeres de la tercera ola pretenden seguir luchando por la igualdad de derechos, dicen las autoras, pero no en detrimento de su sexualidad. Quieren ser a la vez sujeto y objeto en sus roles sexuales, en su poder político y en la cultura norteamericana.”
Así como el hombre prosigue la tarea de redefinir la masculinidad, las nuevas feministas han tenido que afirmar el concepto de lo femenino y hacer evolucionar el feminismo incorporando esta vez al hombre. La cualidad de ser mujer fue injustamente desdibujada durante los años 70. Ser femenina, preocuparse por la imagen, vestirse a la moda, poner énfasis en sus atributos femeninos, mostrarse sexy, fueron conductas consideradas producto de la opresión masculina por parte de feministas radicales. Las viejas feministas no tuvieron la previsión de contemplar las nuevas sexualidades, la diversidad de preferencias ni una opción que no considerara al hombre su enemigo y opresor. La mujer encontró muchas disyuntivas: profesión/hogar, feminismo/pareja. La neofeminista no está dispuesta a poner por delante sus compromisos ideológicos a nivel político y social a expensas de su relación con los hombres. De ahí que muchas mujeres de hoy nieguen ser feministas.
Están intentando articular su deseo de ser femenina y protectora, conjugándolo con sus expectativas de disfrutar de una profesión gratificante y su derecho al respeto en la sociedad.
Una periodista catalana de 29 años afirma: “Yo fui de aquellas que, antes de descubrir que había hombres en el mundo, ya sabía que "nunca tenía de depender de ellos”, y que "yo era quién decidía, siempre”. Así me educaron, creyendo que el sexo masculino podría acabar con mi libertad si no iba con cuidado. Creo que el mundo no se ordena por sexos. Los jóvenes de ambos sexos hemos aprendido a luchar por las mismas condiciones, no a luchar los unos contra los otros. La vida de las jóvenes trabajadoras es suficientemente dura como para mantener el discurso de la lucha de sexos, que ha sido sustituida por otras guerras: la precariedad laboral o la conciliación familiar y laboral....”

La neofeminista de “Sexo en Nueva York”.

Pero la mujer de la tercera ola, la neofeminista, no está exenta de contradicciones. Nació en una sociedad donde se dan por sentadas muchas conquistas del feminismo pero no quiere prescindir de una buena relación con el hombre. Sus contradicciones provienen de no tener claras las definiciones sobre lo que significa ser hombre y ser mujer. Su confusión en los conceptos la lleva a vivir con incoherencias que se pueden manifestar en la esfera de sus relaciones con el hombre. No es extraño que supere sus contradicciones con una fantasía muy difícil de complacer para cualquier hombre: desea que él tenga lo mejor de su abuelo, el paleohombre y lo mejor del hombre nuevo, el metrosexual.

En la serie “Sexo en Nueva York”, representativa de las mujeres de finales de los años noventa, se presentan cuatro mujeres con sus propias características y valores, y, sin embargo, amigas. Si uniéramos los rasgos de estas cuatro amigas, podríamos dar con la feminista del pintalabios: con su independencia resuelta, pero al mismo tiempo sexual y seductora.

Es evidente que, para que el hombre se redefina como hombre, la mujer de ahora tendrá que cuestionar algunas ideas heredadas sobre la sexualidad masculina.
Es un reto para hombres y mujeres lograr una evolución conjunta en sus relaciones en un marco más igualitario prescindiendo de esquemas estereotipados que están actuando como lastre. La tarea pendiente no es una tarea solamente de la mujer, sino que habría que lograrse al lado del hombre para que ambos sincronicen sus esfuerzos en la misma dirección.

La sexualidad en pleno cambio social

Situándonos ya de lleno en nuestro medio, observamos que la situación política y social del tardo franquismo obstaculizó y retrasó la incorporación a nuestra sociedad de la liberación sexual inspirada en los movimientos feministas foráneos. De ahí que se mantuvieran en la generación posterior grandes confusiones y ambigüedades respecto al sexo. Por un lado, el sexo se llevó a los medios de comunicación y se trató sin sutilezas ni ambages; por otro lado, seguía existiendo una gran desinformación. Las mujeres de 28-35 años viven una ética sexual conservadora y aún en parte inhibida, partidaria de las uniones duraderas, de la vinculación del sexo a los sentimientos, donde el colectivismo social da cobertura a una ética sexual, es decir, se da una subordinación de las aspiraciones individuales a causas colectivas: los derechos sociales, las identidades comunitarias y las dependencias emocionales.
No obstante, es un sentir general entre las mujeres de entre 28 y 35 años, que las mujeres más jóvenes, de 15-25 años en España, encaran la sexualidad de un modo claramente distinto a ellas, más libre, más experimental, más hedonista y menos reflexivo.
Parece ser que en la generación de los 15-25 años se han abrazado valores de individualismo social, con una ética sexual experimentalista, pluralista, donde hay cabida para relaciones fugaces y románticas, experiencias cohabitacionales de todo tipo, iniciaciones sexuales precoces y contactos con muchas parejas.  Las encuestas al respecto constatan una acentuada heterogamia (varias parejas sexuales) en la generación más joven y una bajada ostensible de la edad de iniciación a la actividad sexual. Además, la lógica hedonista del placer sexual ante todo, conduce a que rechacen el uso del preservativo y realicen prácticas de riesgo.
En este caso se está observando una subordinación de las causas colectivas a las aspiraciones individuales: realización personal, derechos privados e iniciativas individuales.

Mujeres de hoy. Opiniones sobre el sexo

Juana, 34 años.
“Veo en mi generación una cierta libertad sexual (libertad basada en una educación sexual silenciosa o neutra que ni lo reprime, ni lo fomenta), pero también creo que es una sexualidad poco trabajada, poco enseñada. Sabemos que el sexo es algo bueno pero no nos han enseñado a disfrutarlo, a vivirlo plenamente. Creo que las personas de la década posterior a la nuestra practican el sexo más libremente que nosotros pero también de forma menos reflexiva”.

Silvia, 28 años
“Las mujeres de 25-35 años son más selectivas y creo que por eso a veces se les hace difícil encontrar a la persona para compartir la vida. Hay muchas mujeres de entre 30 y 35 años que están solteras. No creo que lo hayan elegido por voluntad propia sino que, tal como dice García Márquez en su último libro, “cuando no hay amor, el sexo es lo único que nos queda”. Pero las personas por naturaleza lo que quieren es compartir la vida con otro.
Ahora los más jóvenes lo hacen todo antes: fumar, beber y tener relaciones sexuales. Parece que el sexo, igual que las drogas, se haya transformado en un objetivo en sí mismo. A los 22 años dicen “he estado con un montón de tíos y he visto que todos son iguales” Quizá se hayan alimentado demasiado de sensaciones, pero éstas, como el placer, por muy intenso que sea, no dejan de ser efímeros.”

Marina, 26 años.
“Pienso que el concepto de pareja en sí, como pareja formada (sea casada o no),  NO es muy distinto ahora del de antes... Todos queremos lo mismo de nuestras parejas (amor, confianza, fidelidad, compromiso, respeto, comunicación...y todos los pilares que son los básicos para que una relación funcione). La sexualidad, concretamente, pienso que también sigue siendo la misma: tienes tu pareja y con ella es con la que tienes que compartir tu intimidad sexual. La diferencia fundamental es la sociedad, o más que la sociedad es lo permisiva que se a vuelto la sociedad.
Gracias a la incorporación de la mujer al mundo laboral, YA NO DEPENDO DE TI, así que si no estamos bien hasta luego y que te vaya bien....
La sexualidad en pareja no ha cambiado, tu pareja es tu pareja y punto y como te vayas con el/la vecina "hasta luego y feliz vida.” Pienso que siempre ha sido así. AHORA TODOS PODEMOS HACER LO QUE QUERAMOS. Y lo hacemos, así que no nos podemos quejar si nuestros hijos son esto o aquello...son lo que ven.”

Jaime, 20 años.

“El sexo para el joven de ahora ya no es ninguna incógnita debido a la variedad de información que puedes obtener a través de Internet, vídeos, televisión, libros… Creemos que todo lo que nos ha impactado de los actores porno lo podemos realizar también en nuestra práctica., aunque a veces no sea como pensábamos.
En cuanto a la pareja, mientras sea una chica que tenga algo en especial o te dé morbo y también te dé seguridad, se puede practicar el sexo.
Participaría en una orgía, pero sin mantener contactos con alguien del mismo sexo.
Creo que uno no se puede negar a estar con más de una persona a lo largo de la vida porque con la práctica y la variedad se aprende. Si no aprovechara ahora, y lo hiciera más tarde cuando estuviera comprometido, podría destrozar una relación.
Nosotros hablamos de sexo con total libertad entre amigos, familiares… y somos nosotros los que renovamos a nuestros padres.
El sexo es como las drogas, se descubre para conocerlo por ti mismo y al llevarlo a la práctica conoces el producto.”

 

 

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