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Solteros otra vez

Isabel Larraburu

Solteros otra vez PDF Print E-mail
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De entre los fenómenos sociales de erupción impetuosa en nuestra sociedad, lo que podríamos llamar “nueva soltería” está cobrando una sólida presencia. Y parece que ha llegado para quedarse. Quizá la población de los nuevos solteros no sea siempre la misma, ya que la condición de soltero/ no soltero es flotante y difícilmente verificable en el censo. Los nuevos solteros son un  segmento cambiante cuya característica principal sería la de estar sin una relación de pareja.

Su alto potencial de consumo lo hace vulnerable al ataque desde varias esferas de servicios que miman su existencia. El sector inmobiliario, con pisos y lofts para solteros y divorciados, el turístico con los viajes que ofrecen ventajas a los que viajan solos, los clubes de relaciones, donde se agrupan y entremezclan solterones, solteros devueltos al mercado involuntariamente, que padecen su condición: personajes heridos, rencorosos y resentidos. También se encuentran en el mismo saco los que vuelven gustosos al ruedo, disfrutando de solterías intermitentes, hedonistas que reviven tiempos adolescentes. Es lo que se ha dado en llamar el fenómeno de lo “single”, apropiándose de la terminología inglesa y que significa soltero, único, singular.

No hace mucho, los que viajaban solos eran una especie penada por sistema con la angosta mesita próxima al servicio en restaurantes, o con una habitación monacal con vistas al patio de atrás en los hoteles, en los que, además, tenían que pagar siempre un suplemento como gravamen por desperdicio de espacio. Aquellos que anhelaban que un viajecito los salvara de la “depre”, encontraban parco consuelo en esas condiciones.
Evidentemente, la nueva soltería en el momento presente no atrae la compasión de nadie, sino más bien la ambición de nuevos empresarios que compiten entre sí al acecho de cualquier oportunidad. Comida para singles, con dosis para uno, webs de contactos para singles, y, próximamente, geriátricos para singles, comunidades residenciales/ lúdicas para ancianos singles, cirugía plástica para  tercera y cuarta edad single, clínica “antiedad” para singles y todo lo que podamos imaginar para poder vivir nuevas pasiones sin interrupción hasta el final de los días. Para poder seguir en el mercado intentando ligar hasta edades avanzadas. Y esto no tiene nada de malo. Parece ser que en nuestro continente dentro de unos años seremos mayoría de ancianos con alma joven y bailarina, eso sí. Porque el single se divierte más, siempre y cuando asuma su etiqueta de single sin pudor. No hay más que ver cómo bailan, van al cine, teatro, danza, excursiones. El single disfruta de la posibilidad de volver muchas veces a la juventud, aunque la carrocería esté para la ITV o incluso derechamente para el desguace.

El resurgir de las cenizas

Después de un tiempo de auto contemplación y regeneración, el nuevo soltero decide finalmente que ésta va a ser la última caja de pañuelos de papel que gastará y decide regresar al mercado de compraventa de soledades. Es el momento en que empieza a mirarse de reojo al espejo con el fin de hacer una tasación preliminar. Evidentemente, la impresión después de la catástrofe no  suele ser muy prometedora, no solo porque ha comido y bebido cual cerdo o cual pajarito en los olvidables tiempos de sombra, sino que su auto estima atropellada le hace percibirse como un ser grotesco: feo, gordo, viejo, arrugado y sin gracia. En definitiva, un antídoto contra la lujuria.
Pero para “venderse” en el mercado de las soledades existen estrategias importadas de otros sectores, y los economistas no se inhiben a la hora de cuantificar el fenómeno. David Anderson y Shigeyuki Hamori, economista de la Universidad de Kobe, publicaron un estudio en la revista “Japan and the World Economy”.  Su conclusión es que si el soltero se “vende caro”, está transmitiendo el mensaje de que es un compañero potencial de alta calidad. Afirman que la conducta que mantenemos al buscar pareja refleja el “precio social” que nos auto asignamos. Si la exigencia personal en la seducción es elevada, esto significa que nos hemos puesto un precio alto. En el mercado en general es habitual asumir que los productos más caros son de mejor calidad. Los aspirantes al amor, que saben más que nadie cuáles son sus activos, intenciones y disciplina personales se fijan su propio precio social. En términos psicológicos, su indemne auto estima les hace “tasarse” bien. En efecto, un bajo precio social presupone emociones negativas, como el miedo a resultar herido o rechazado al implicarse afectivamente. Estos estados de ánimo conducen a bajar el precio social, derivando esto en  relaciones “de rebote” para huir de la tristeza, la culpa, la rabia o la ansiedad de estar solo. Decisiones desesperadas que llevan a iniciar relaciones de dudoso pronóstico.

La esperanza virtual.

Una vez el nuevo soltero ha recogido sus pedazos, sale al balcón, ve que el sol sigue brillando y que la primavera siempre acaba volviendo a aparecer. Siente de pronto que aún existe esperanza y se dispone a volver a amar. Suponemos que el nuevo soltero ya no está en su primera juventud, ni en la segunda, probablemente.
Cierra la boca para bajar unos kilitos, acude al gimnasio con ánimo compulsivo, se echa un colorcillo a las canas, unos pinchacitos de botox en las arruguitas  y… ¡a vivir!
Una de las maneras más prácticas y baratas para entrar en el mercado es registrarse en una página web de contactos y colgar su perfil para conocer gente afín. Con toda seguridad, las probabilidades de elegir correctamente aumentan muchísimo en relación con los medios más pedestres, por el mismo hecho de tener un más amplio abanico de opciones. Los españoles ya estamos perdiendo descaradamente los pudores a la hora de publicitarnos en el escaparate virtual. Somos tantos los que vivimos estas vicisitudes, que ya no se puede afirmar que los que se apuntan a estas webs sean un reducido grupo con el estigma de colgados con escasas aptitudes sociales. De hecho, las estadísticas afirman que son personas sociables, familiares y bastante activas en la sociedad. La realidad es que nadie está libre de formar parte de los aspirantes a volver a amar en un momento u otro de su vida. Sólo para empezar, el 50% de casados que se descasan en nuestro país. Todos estamos en la misma barca.
En un reportaje dedicado a la salud económica de estos portales, Noemí Gómez, en la revista “Actualidad Económica” informa de los siguientes datos facilitados por las diversas agencias celestinas virtuales que lideran el mercado: los clientes suelen vivir en ciudades, existe un 70% de licenciados universitarios y un 23%  que declara tener master o doctorado, el nivel adquisitivo es medio-alto y la proporción hombre / mujer es de 60%/40%, aproximadamente. El porcentaje de ejecutivos ronda el 20%. Según Gómez, en el último estudio de pago por contenido en EEUU, realizado por la consultora ComScore, la categoría de encuentros online movió 503 millones de dólares en 2005. En Europa se espera un crecimiento mayor, ya que el negocio está menos maduro que en los EEUU. En nuestro continente solo el 4% de los internautas son usuarios de estas páginas, frente al 20% de los estadounidenses. La consultora Júpiter Research afirma que en Europa este negocio moverá 228 millones de euros en 2006. La agencia líder del sector en EEUU posee ocho millones de miembros. España, después del Reino Unido es el tercer mercado más importante de esta empresa.

Buen método, pero con precauciones.

A pesar de tener algunos inconvenientes, la búsqueda de pareja en línea arrasa en los EEUU. Los 40 millones de personas que visitaron estas páginas en el 2003, constituían nada menos que la mitad de los solteros (singles) del país.
Los investigadores del tema están estudiando los factores que diferencian estos tipos de comunicación virtual. Este es un tipo de comunicación pobre, tanto por el tiempo que se le dedica como por las limitaciones del canal de la interacción (por ejemplo, ausencia de comunicación no verbal). Para explicar sus efectos, Joseph Walther (1996) propuso la teoría de la “comunicación hiperpersonal”: cuando el canal es limitado y los usuarios reciben poca información del otro, se tiende a “completar” lo que falta un modo excesivamente optimista (lleno de deseos y fantasías). A causa de la información incompleta, se idealiza al corresponsal.
Otro estudio realizado por Andrew T. Fiore, de la Universidad de Berkeley sobre la búsqueda de pareja online (online dating),  concluye que los miembros de estas webs buscan, sobre todo, personas similares. A eso le llama “homofilia”: buscar a alguien parecido a uno mismo. La similitud real y la percibida en datos demográficos, actitudes, valores y atractivo suele estar asociada a la atracción inicial y a las relaciones satisfactorias más adelante. Sin embargo, los estudios sobre personalidad y afinidad, recomiendan que haya también una parte no tan grande de complementariedad para que una pareja se entienda bien. En su estudio con 65000 usuarios heterosexuales, Fiore comprobó que los candidatos online buscan en gran medida la similitud, no solo en los parámetros esenciales, sino en muchos más, que a lo mejor no son tan relevantes.

Socializarse por Internet es un medio tan válido como cualquier otro, con muchísimas ventajas, por ejemplo, ¿con qué método conoceríamos a tanta gente a la vez?  O bien, ¿de qué otra manera podríamos elegir a la carta a quién conocer? ¿Cómo podríamos contactar a tanta gente sin salir de casa? Pero los ojos siempre tienen que estar abiertos, porque los riesgos que existen en la calle están también en la red. También hay mentirosos, explotadores, playboys,  buscadores de oro… y además hay que añadir a los suplantadores de personalidad, casados que pasan por solteros, viejos que pasan por jóvenes, hombres que pasan por mujer, algún que otro master inventado, y muchas cosas más.  Nunca ha hecho tanta falta la intuición como aquí.  Pero la ventaja es que si nos desengañamos, hay muchos más peces en el mar.

Despiece
Consejos para contactar en línea

  1. Usar mucho sentido común. No  facilitar información personal como apellido, número de teléfono y dirección hasta sentirse mínimamente cómodo. Usar la dirección de correo  interno de la página hasta que uno decida revelar el propio. Hay que desconfiar de la falsa sensación de “conexión instantánea” que se percibe en la red con alguien que se acaba de conocer. Esto puede formar parte del efecto desinhibición que resulta de sentirse anónimo. Es mejor conocer a las personas por mensajería instantánea o correo. Después pasar al teléfono. Y más adelante quedar para verse a su tiempo. No lanzarse a hacer cosas solo porque son divertidas. La idea es encontrar a alguien compatible, lo cuál implica ser uno mismo.
  2. Ser realista. Aunque siempre es posible que el príncipe/princesa encantado se encuentre detrás de un pseudónimo esperando, lo mejor es mantener las expectativas a raya. Muchos contactos pueden ser decepcionantes, es sólo una cuestión de estadística. Por eso es bueno prepararse: no todo el mundo que muestra interés por uno, vale la pena y, al revés, no desilusionarse demasiado si el primer contacto no tiene continuidad. Aunque parezca un rechazo, esto puede ser bueno, según como se mire. No hay que olvidar que se está buscando una atracción mutua. También es bueno ser realista en lo que se refiere a la geografía. Las distancias se pueden salvar al principio pero hay que pensar si uno estaría en condiciones de continuar viajando si las cosas fueran a más.
  3. Ir al propio ritmo y confiar en la intuición.  No acceder a presiones para ir más rápido de lo que uno quisiera. Si es una persona adecuada, sabrá entenderlo y esperará. Estar atento a las incoherencias que puedan darse en la historia personal que cuenta, como la infancia, origen o experiencias afectivas anteriores. Recordar que no es necesario encontrarse personalmente con todas las personas con las que uno se comunica online. Se puede rechazar a alguien con respeto y consideración. Una de las ventajas importantes de la búsqueda online es que es posible elegir la mejor opción para uno. Eso es válido, útil y deseable, aunque no se tenga el hábito de hacerlo.
  4. El primer encuentro, siempre en un lugar público. Hay que ser un buen observador y es mejor no beber demasiado para no perderse detalle. El objetivo de una primera cita no solo es ver si hay atracción, sino saber más sobre la persona, como se expresa y su comunicación no verbal. Si hay que desplazarse, siempre es mejor llevar el propio coche o transporte. Llevar el móvil disponible y decirle a alguien de confianza dónde se va a estar. Siempre es bueno prevenir que lamentar.
  5. Señales de peligro. Es bueno recordar que no todos somos iguales ni tenemos los mismos valores o normas de conducta. Hay quién sabe ocultar muy bien sus intenciones. En los primeros encuentros, las personas suelen mostrar lo mejor de si mismas. Pero hay veces en que se les puede “pescar” en algún renuncio que nos muestra como realmente son. Estas son algunas pistas:
    • Evitan contestar directamente a preguntas, especialmente aquellas que son importantes para el que pregunta. A lo mejor bromean sobre la respuesta, pero nunca llegan a contestar claramente.
    • Hacen comentarios despreciativos o irrespetuosos sobre otras personas. La manera como tratan a los demás dice mucho sobre sus conductas futuras.
    • Dan información inconsistente sobre lo básico, aquello que muestran en su perfil, como la situación de pareja, hijos, empleo, dónde viven, dónde trabajan, y también cosas como la edad, apariencia, estudios, carrera y demás.
    • Su realidad no coincide con lo que muestran en su perfil.
    • Se conducen de modo inadecuado con tocamientos o besos no consentidos.
    • Presionan demasiado para llegar  al encuentro personal.
    • Evitan el contacto telefónico.

 

Conducta sexual responsable. Muchos contactos que se inician en la red acaban llevando a una relación sexual. Es importante saber las costumbres sexuales de la otra persona preguntando directamente detalles como el número de compañeros sexuales que ha tenido, si ha utilizado protección, si ha tenido relaciones de una sola noche sin conocer a las personas y si ha tenido enfermedades transmitidas sexualmente. Estos temas son difíciles de abordar, pero es importante hacerlo antes de irse a la cama con alguien y si se tienen dudas, usar preservativos sin ningún género de dudas.

 

 

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