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Solteros Involuntarios

Isabel Larraburu

Solteros Involuntarios
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En el encuentro semanal de solteros (solteros, divorciados y viudos) están reunidos los solteros de toda la vida, los nuevos solteros, solteros intermitentes, solteros a pesar de sí mismos, solteros deliberados, solteros heridos, solteros orgullosos de su independencia, solteros hedonistas, solteros rencorosos, solterones maniáticos con su variopinto repertorio de tangos personales. Alguien sugirió que el grupo se denominara "de ayuda mutua", ya que cuando no es uno es otro el que está con la depre y necesita terapia grupal de apoyo. Ya han constituido una familia subrogante.

El autoengaño

Entre estos, los solteros a pesar de sí mismos son los que más luchan por mantener su dignidad erosionada por la presión social que los estigmatiza en la tribu como "incolocables, "imparejables", neuróticos y conflictivos, a los cuales seguro que algo les pasa ya que no encuentran a nadie o los dejan. Con el fin de mantenerse erguido ante tales afrentas, el soltero recurre a diversas racionalizaciones de tipo personal para sentirse mejor: las parejas que me rodean no son ningún modelo de felicidad, todos mis amigos se están separando, a estas alturas no aguantaría a nadie, con lo bien que se está solito, sin recibir broncas ni servir a nadie... O a teorías sociológicas hechas a medida como que no se necesita ninguna pareja ya que el futuro en Europa se vislumbra como una sociedad compuesta de una mayoría de viejos y viejas solitarios,  rodeados de buenos amigos que viven en una casi convivencia equiparable a una gran familia. Vivirán en unos nichos confortables con unas zonas comunes en las que la cohabitación se realizará "ad libitum"  para paliar la soledad. Mientras tanto, gozan de los placeres gastronómicos con la esperanza de ulteriores satisfacciones para otro tipo de carencia.

La triste realidad

Pero en la oscuridad de sus noches deprivadas,  el soltero involuntario pierde toda su  arrogancia y se acurruca en su rincón del lado izquierdo de la cama matrimonial, chirriante testigo de añoradas noches locas, junto a su teléfono, el libro de auto ayuda, las pastillas para dormir, los preservativos caducados y su pequeña tele de 14 pulgadas. Inconscientemente, reserva el lado derecho para su pareja soñada que nunca ha dejado de  anhelar, sin atreverse a traspasar el umbral hacia el lado derecho.

Los  números indican que esta es la realidad social de Europa. Los habitantes solitarios de viviendas para una sola persona ya componen una cantidad no desdeñable en las grandes ciudades.

 

La caída de la máscara.

En primer lugar el soltero que quiere casarse debería dejar caer sus defensas y admitir que le encantaría encontrar pareja.

Es  típico del soltero defensivo dedicarse obsesivamente al trabajo y transformarse en un trabajólico,  tener relaciones compulsivas puramente a nivel de piel, sin entregarse a ningún sentimiento, o simplemente ser demasiado racional. Este último suele ir con su "check list" para ir comprobando las cualidades de las potenciales parejas y descartar aquellas que no cumplan  por lo menos el 75% de los ítems. Detrás de estas posturas vitales habitualmente se hallan el miedo al rechazo, a la dependencia de otra persona, el temor a no tener el total  control de las situaciones y el de transformarse en un ser  vulnerable al que pueden hacer daño.

 

Sin tener demasiada conciencia de ello, el soltero con vocación de pareja suele presentar también cierta ambivalencia.. Su conflicto proviene de que  valora por igual su vida actual y una relación de pareja. Cree que desea tener pareja pero no le agrada prescindir de lo que le gusta de ser soltero. Quiere enamorarse, pero no sufrir. No está seguro de que la pareja estaría antes que su carrera. Teme volver a equivocarse. Duda de que lo que puede lograr pueda superar todo aquello a lo que tiene que renunciar.

 

Lógica difusa

El mundo de las relaciones obedece a leyes mucho menos explícitas y predecibles  que las del mundo académico o laboral.  De hecho tienen más que ver con la teoría matemática del caos y la lógica difusa que con la lógica formal. De ahí el gran porcentaje de fracasos y la poca destreza para las relaciones afectivas de algunas personas consideradas geniales. Nunca se tienen los enunciados claros ni los problemas bien definidos. En resumen, nunca dos y dos son cuatro.

Así, para dejar de ser soltero con la mínima  probabilidad de fracasar,  habría que saber andar por arenas movedizas, asumir riesgos, adaptarse rápidamente a los cambios, desarrollar la inteligencia emocional, abandonar expectativas no realistas y, sobre todo, nunca bajar el listón. Casi nada...

 

 


 

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    Mi amigo era un psiquiatra “ high achiever”, aquél que siempre se ponía el listón más alto para poder disfrutar superándolo. Obsesivo y perfeccionista, condiciones que hasta la fecha le habían hecho actuar bastante correctamente y controlar todas las situaciones de modo exhaustivo. Por supuesto tenía un super CV , las mejores notas, y todos los triunfos académicos y profesionales esperables para alguien de su edad.

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