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Trilogia sobre el amor. III. El amor tranquilo

Isabel Larraburu

Trilogia sobre el amor. III. El amor tranquilo PDF Print E-mail
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Hace algunos años en España existía un programa concurso llamado “Su media naranja”, cuya reedición, actualmente, se llama “Tal para cual”. Parece ser que la idea del programa nació en los EEUU en los años 60. En la pantalla aparecen dos parejas compitiendo por ganar un bonito coche. La idea es que uno de los componentes de la pareja adivine hechos, ideas, pensamientos y aspectos diversos pertenecientes a la intimidad del otro.

Por ejemplo, adivinar qué haría la pareja en una situación concreta, qué decisión tomaría. O bien qué escogería el otro cuando tuviera que elegir entre dos opciones. O aventurar cuándo la pareja sería capaz de transgredir alguna norma. El método despoja de fingimientos el estado de salud en que se encuentra la intimidad de la pareja. Queda al descubierto hasta qué punto se conocen. Es tan acertado el planteamiento que no hace falta ser terapeuta de pareja para predecir cuál de ellas seguirá amándose hasta nuevo aviso y cuál podría quedarse en el camino.

Después del fuego, la paz.

Algunos expertos en relaciones como la psicóloga Dorothy Tennov llegan a predecir la duración del amor romántico. Este puede contar sus días desde el momento del enamoramiento hasta que  aparece un “sentimiento de neutralidad” hacia el objeto del amor. Según ella, el promedio quedaría aproximadamente entre los 18 meses y los tres años. El sexólogo John Money establece que desde el momento en que se entra en contacto regular con el amado, la pasión dura entre dos y tres años.
Así, después del arrebato pasional, una relación solo puede ir para abajo o crecer lentamente mediante algo menos vistoso y más trabajado que corresponde a la intimidad.
La intimidad emocional en una pareja es el bagaje acumulativo que le sirve de adhesivo para superar los momentos bajos.
Como todo conocimiento profundo, no es algo que se improvise fácilmente ni se adquiera en dos lecciones. Toma su tiempo y dedicación. Sin este patrimonio, el proyecto probablemente se truncará. “Intimidad es conocerse a sí mismo y dejar que el otro comparta el secreto” (Schnarch, 2003).

Un espacio seguro para enfrentar el mundo.

Si comparamos las motivaciones de nuestros antepasados al formar pareja con las de los jóvenes de ahora, veremos que las necesidades y los objetivos han cambiado. Antes, la pareja era la plataforma donde se concretaban proyectos como formar familia, desarrollar la carrera (probablemente la del hombre), y progresar económicamente. Actualmente, la esperanza es obtener intimidad, confianza, equidad, amistad y apoyo para crecer como personas. La sociedad nos ha dejado huérfanos del asilo que prestaban las comunidades pequeñas y del abrigo de familias extensivas que proveían el cuidado mutuo y garantizaban la seguridad de confiar en los demás. Esta pérdida se compensó con incrementos en el ámbito de la autonomía, la individualidad y la privacidad.
En estas nuevas condiciones vitales urbanas, la pareja se transforma en un refugio único para cubrir estas carencias: el espacio seguro y cómodo donde disfrutar de la intimidad y confianza que se necesitan. No es extraño, entonces, que las uniones que se van formando ahora muestren una estructura basada en una mayor equidad. La pareja debe cumplir la función del mejor amigo y compañero.
Esto ha desencadenado un surgimiento de nuevas fórmulas así como el derribo de roles estereotipados de antigua hechura. Ya no se intenta imitar los papeles de modelos ancestrales. Ya no se desea formar familias con roles clásicos que sigan las pautas de las estructuras familiares donde muchos de nosotros hemos crecido. Familias en dónde el hombre provee y trae el sustento mientras la mujer cuida de los niños y la casa, sacrificando otros aspectos de su realización personal. La intimidad emocional no era prioritaria en aquellas familias, probablemente porque tenían otros apremios.

Intimidad en el amor.

Para la teoría triangular del amor, la intimidad en la pareja equivale a intimidad + compromiso. Intimidad sin compromiso correspondería a una amistad. Pero en términos prácticos, el amor de compañeros (“companionate love”) equivale a una relación con el mejor amigo, pero con chispa sexual. Es el tipo de relación mejor situado para llegar al amor consumado o completo. Sin duda alguna, la combinación con más esperanza de vida de todas las fórmulas posibles. (Ver gráfica).

 

Condiciones básicas para una relación de pareja.

En la formación de una pareja equitativa y con perspectivas de futuro, es necesario y conveniente que estén presentes las siguientes premisas, según el investigador Richard Nelson-Jones:

  • Gratificación.  El fin básico de la mayoría de las personas es lograr la felicidad. En una pareja la gratificación se manifiesta en una serie de puntos: En primer lugar, cada parte de la pareja busca sus recompensas, las cuáles pueden provenir tanto de dar como de recibir. En segundo lugar, la relación se hace más profunda si abundan las recompensas de uno a otro. Si alguno de los dos percibe el intercambio como injusto, la pareja puede estar en riesgo. En tercer lugar, la relación se sostiene si existe un alto nivel de recompensa mutuo. Si esto ocurre, la pareja puede mantenerse dinámica en el tiempo. Si, por el contrario, se percibe que las ventajas de estar fuera de ella superan las de seguir en la relación, ésta puede llegar próximamente a su fin.
  • Reciprocidad. Existe consenso entre diversos investigadores, en que la mayoría de las relaciones humanas están basadas en la equidad y el intercambio (Cunningham & Antill). Es decir, yo cubro tus necesidades y tú las mías. Las parejas felices muestran reciprocidad y mutuas recompensas. En las relaciones infelices la reciprocidad es negativa o existe un desequilibrio en el intercambio de conductas y actitudes positivas. A pesar de que el planteamiento es un poco simplista para abarcar todos los matices de la realidad, el punto más importante es que debe existir algún grado de reciprocidad para profundizar una relación y mantenerla viva entre personas iguales.
  • Reglas. Todas las personas arrastran consigo reglas personales a la pareja. No obstante, cada relación tiene sus propias normas explicitas o tácitas. La finalidad de estas reglas es aportar unas líneas de conducta y tener claras las expectativas para el comportamiento de ambos. Existen normas de dos tipos (Argyle & Henderson): las relacionadas con la recompensa y las que sirven para evitar el sufrimiento/coste. Ejemplos del primer tipo pueden ser: “compartir las alegrías”, “mostrar apoyo emocional”, “acordarse de las fechas señaladas”. Ejemplos del segundo tipo: “centrar la actividad sexual en mi pareja” o “respetar la privacidad del otro”. A pesar de que las personas llevamos reglas y normas transmitidas por nuestro entorno cultural y social, es saludable que las parejas tengan las suyas propias, negociadas entre iguales en mayor medida que las heredadas de otros.

Aprender a amar mejor

“Sin comprensión el amor no es verdadero amor. …Identificar y comprender las necesidades, las aspiraciones y el sufrimiento de la persona amada. Para eso es necesario observar y escuchar profundamente para saber qué debemos hacer o no hacer para que los demás sean felices. El comprender a alguien en profundidad, aunque ese alguien nos haya herido, conduce al amor.
…La intención  y la capacidad de aliviar y transformar el sufrimiento y aligerar los pesares del otro. La compasión implica un profundo interés por los demás, escuchar y observar el sufrimiento del otro para poder entender y sentir su dolor.”
(Thich Nhat Hanh, monje budista vietnamita)

La intimidad tanto dentro de una pareja como en cualquier relación dónde haya afecto, es el ingrediente más parecido al verdadero amor. La intimidad de una pareja no solo lleva tiempo, sino que exige un aprendizaje. Las habilidades necesarias para estrechar el vínculo pueden ser desarrolladas con una adecuada decisión y algo de aplicación. Además, saber amar es una cualidad de la madurez emocional. Demasiadas parejas se forman sin que sus integrantes hayan aprendido a amar. En la teoría triangular de Sternberg, estas serían las relaciones que llegan al compromiso sin desarrollar la intimidad. Los que se casan en Las Vegas, para entendernos.
Para desarrollar la complicidad en pareja, según todos los expertos, habría que dominar ciertas  competencias:

 

 

 

  • La capacidad de oír correctamente.

Oír bien implica el compromiso de comprender al compañero, dejar de lado los propios intereses, necesidades y prejuicios durante el tiempo necesario para llegar a ver las cosas con los ojos de él. También implica valorar al otro expresando nuestro interés por saber cómo siente, como piensa y qué necesita.
Ser un buen oyente es condición inequívoca para la buena comunicación. En realidad, la comunicación eficiente depende, sobre todo, de saber entender lo que se oye, de estar atento. Las parejas más felices son aquellas que afirman comunicarse bien. Para esto, el especialista en relaciones humanas Don Bobinski aconseja que haya un sincero interés en comprender al otro. Hay que ser consciente de que uno no tiene todas las respuestas, que la perspectiva del otro es también válida y, que si no consideramos el punto de vista del interlocutor, nunca tendremos la visión global de los problemas. Propone dos prácticas para hacerlo bien:

  • Focalizar en la otra persona. Totalmente. Dejar de lado los propios pensamientos y sentimientos. Estar decidido a entender bien lo que intenta decir la otra persona. Esta actitud implica respetar la opinión del otro como principio, comprender las palabras que dice desde sus propias experiencias, no desde las de uno mismo; no ensayar lo que se piensa responder mientras el otro habla y mantenerse totalmente en el momento presente.
  • Acusar recibo de las ideas del otro en voz alta, para demostrarle que se ha entendido correctamente el argumento. No hace falta “estar de acuerdo” para acusar recibo. Habría que evitar usar la ironía o la burla si no se está de acuerdo. Se puede tener distintas opiniones sin recurrir a golpes bajos que “rompen la baraja” en el equipo.

Oír con atención y empatía elimina muchos malentendidos y especulaciones equivocadas.

  • Asumir el riesgo de abrirse y expresar los sentimientos y pensamientos más íntimos.

El amor como actitud, solo puede desarrollarse cuando los amantes se conocen bien y se están relacionando con la otra persona tal como realmente es. Los que no se conocen de verdad no pueden amarse.
Para profundizar una relación cabría deshacerse de la primera impresión, de las máscaras sociales y de las fachadas defensivas. Implica dejar caer todo lo que oculta y aventurarse a exponerse progresivamente para conocer más de uno mismo y dejarse conocer por el otro. La auto revelación se realiza dando información personal y expresando con honestidad los sentimientos.
Los mensajes que enviamos pueden ser de 5 tipos: corporales, táctiles, sonoros, verbales y comportamentales. Para ser genuinos en nuestra comunicación es necesario que los mensajes sean congruentes entre sí. Es poco creíble decir palabras de amor con un lenguaje corporal distante y frío.
Lo que se dice tendría que ajustarse a cómo se dice.
Con respecto a los mensajes verbales, unas de las mejores maneras de comunicar pensamientos, sentimientos o emociones sin ofender o amenazar a la pareja es utilizar “mensajes-yo”, es decir, iniciar las frases con “yo”, “me”, “a mí” seguidas de formas verbales en primera persona como “deseo”, “siento”, “pienso”, “me gustaría”. De este modo no se está acusando o haciendo daño con las palabras, a la vez que se expresan los propios sentimientos de forma más directa.
Las personas recelamos abrirnos y dejarnos conocer por temor al rechazo, a no ser comprendido, por falta de confidencialidad, o a que utilicen la información en contra nuestra. Por esto, el proceso de auto revelación se despliega muy lentamente en las relaciones.
En el ámbito de la expresión de sentimientos, la tarea consiste en traducir las sensaciones internas a expresiones externas. La dificultad radica en elegir conscientemente cómo definirlas y si uno desea o no revelarlas.
Muchas veces topamos con sentimientos que nos avergüenza admitir y nos cuesta ponerle nombre, por ejemplo, celos o envidia. Pero conocerlos y reconocerlos contribuye al crecimiento personal, a la auto estima y en consecuencia a nuestra capacidad de amar. Las emociones, tanto negativas como positivas, son procesos transitorios. Podemos saber cómo hemos sentido en el pasado, o cómo estamos sintiendo ahora. Pero podríamos sentir de modo distinto en el futuro aunque solo sea porque hemos reconocido la emoción.

Aspectos de la intimidad.

  1. Disfrute junto a esa persona
  2. Respeto por el otro ser
  3. Capacidad de contar con la otra persona en momentos de necesidad
  4. Entendimiento mutuo.
  5. Entrega de uno mismo y de sus posesiones.
  6. Recepción de apoyo emocional por parte del otro.
  7. Entrega de apoyo emocional a esa persona
  8. Comunicación honesta y profunda con la persona amada.
  9. La valoración positiva del otro.

 

 

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