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Extraños en un chat. Magazine. La Vanguardia.

Isabel Larraburu

Extraños en un chat. Magazine. La Vanguardia. PDF Print E-mail
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El hombre avanza por el andén para emprender su anhelado viaje a través de un país asiático. Tras consultar el billete, sube al tren para localizar su compartimiento. Al entrar, observa a la persona que comparte su espacio. Se trata de un hombre joven que se encuentra sumergido en la lectura de su libro. Intercambian un breve saludo en un idioma común. Transcurridos pocos kilómetros, el lector cierra su libro al tiempo que dirige al viajero una  sonrisa formal. Poco después, ambos hombres se encuentran enzarzados en una activa conversación luego de enterarse de que provienen de países antípodas.

La charla se desliza vertiginosamente hacia una insólita y sorprendente camaradería por lo fácil que les resultan las confidencias. Ninguno de ellos se descubriría de este modo ni con su mejor amigo. Salvando trabas sin esfuerzo, se instalan mágicamente en la más íntima de las amistades. Se confiesan sus más recónditos deseos, emociones, temores y anhelos inconfesables sin cautela ni reserva. Casi flechados por un cupido amistoso, pasan así todo el viaje como reencarnados en hermanos de sangre, hasta que llegan a su destino y se despiden hasta nunca más. Extraños en el chat.

A una considerable distancia, en una habitación oscura iluminada por un monitor, otro hombre se sienta de madrugada ante el teclado de su ordenador después de servirse un coñac. Se introduce en su ventanita del Messenger que despliega su lista de contactos conectados. Su nombre pasa a ser a partir de ahora “melosito” su apodo ciberespacial. Aborda a “flordeloto”, el apodo de una “chatera” conectada: “¿Estás?”
En realidad nunca había visto a Flordeloto personalmente, pero sentía que tenían mucho en común. Se sentían almas gemelas.
Flordeloto le dice que está y a partir de ahí se desnudan el alma sin ambages ni rubor, y también el cuerpo, si se tercia. Tampoco hay obstáculos en el camino. Nada está prohibido, las consecuencias nunca dejarán de ser virtuales, y la vida es sueño.
Flordeloto intuye, sin saber porqué, que melosito la comprende, la apoya, la aconseja y la interpreta como nunca ningún amor lo había logrado. Confía en que su pálpito no es erróneo. Su recato se diluye al ver que existe alguien en el mundo que no la desengañará. Ahora sí que vale la pena vivir.
Melosito tiene otras cosas en mente, quizá un poco más terrenales, pero tampoco exentas de ilusión. ¿Cuándo, en su vida real, iba a encontrar a alguien que se apasionara por él de una forma tan incondicional, que no se echara para atrás por su ancha frente, limítrofe con la calvicie y su fuerte complexión, limítrofe, a su vez, con la obesidad? Alguien que no le importara su bagaje familiar (tiene previsto decirle a su mujer dentro de unos meses que quiere separarse) en vías de solucionarse, claro está… Alguien que lo hiciera sentir sexy y apetecible. En realidad, ni en sus años mozos. Eso solo era posible en el Messenger.

 

Una intimidad instantánea.

Existen características comunes entre las dos situaciones descritas. El fenómeno “extraños en un tren”, inspirado en el relato de Patricia Highsmith y la posterior película de Alfred Hitchkock rodada en el año 1951, describe en psicología un tipo de comunicación de gran intimidad entre personas que son desconocidas entre sí. Suele darse en situaciones en las que la apertura de los individuos no puede acarrear consecuencias sociales. No hay amigos en común, ni referentes compartidos.
Con el desarrollo de las cibertecnologías, las relaciones entre las personas están experimentando cambios que los psicólogos no podemos ignorar. Han cambiado los ritmos y los tiempos y se ha modificado la secuencia en el proceso de desarrollo de las relaciones humanas. Esto, a su vez, comporta corolarios emocionales positivos y negativos que no son triviales.  Si en el cara a cara las personas nos conocemos en primer lugar por la apariencia física, para llegar progresivamente a la esfera de las emociones y de los sentimientos, en la comunicación mediada por el ordenador, el contacto se hace en primer lugar por un texto que describe emociones y pensamientos.  Exactamente a la inversa.

La comunicación hiperpersonal.

El proceso de intimar se da de una forma muy acelerada en Internet. La ausencia de señales visuales comporta que se indaguen intimidades en un estadio muy precoz en las ciberrelaciones. Esta es una de las características de lo que un estudioso de las comunicaciones, J.B. Walther, denomina comunicación hiperpersonal. El establece que existen tres tipos de comunicación online: la impersonal (para el trabajo), la interpersonal (más social, aunque por motivos prácticos) y la hiperpersonal (en chats y foros).  Según él, este último es un tipo de comunicación que “se produce por un canal limitado de señales (filtro de señales), lo cual conduce a construir e intercambiar representaciones mentales (ideas que uno se hace del otro) sobre los participantes, sin la interferencia de la realidad circundante.”
Hay cuatro elementos que definen la comunicación hiperpersonal:

  1. Una percepción idealizada del receptor. Vemos al otro como deseamos verlo.
  2. La posibilidad de seleccionar selectivamente lo que queremos revelar al otro. Vendemos nuestra imagen idealizada.
  3. La asincronía (en diferido) del canal de comunicación permite “repasar” o “editar” nuestra comunicación a diferencia de la comunicación cara a cara.
  4. Se produce un bucle de realimentación que potencia tanto nuestras percepciones idealizadas del otro como la que tenemos de nosotros mismos. Este proceso de reciprocidad que ocurre en todas las relaciones, se ve intensificado en las interacciones con reducidos estímulos, como es la mensajería instantánea.

 

De este modo la comunicación hiperpersonal produce un relacionamiento intenso y a veces profundamente íntimo con el corresponsal. Las similitudes entre los individuos se magnifican y las diferencias se minimizan. Se experimenta un intenso sentido de complicidad con el otro. Por esta razón, fácilmente se crea una falsa imagen de la otra persona. De ahí que sea interesante advertir de uno de los posibles peligros de la comunicación hiperpersonal: la vulnerabilidad a los abusos, el riesgo de no tomar las debidas precauciones al revelar información privada o ponerse en situación de peligro por creer que se conoce a la otra persona mejor de lo que se conoce en realidad.
Los adolescentes serían claramente los más vulnerables si no se les instruye al respecto.

Cuando las barreras caen.

Muchos tímidos hallan en el chat una manera de expresarse libremente. Los menos agraciados pueden mostrar su ingenio y su humor y todas sus cualidades no relacionadas con su apariencia, sin temor a que los rechacen por su físico. Existe un ciberchiste que muestra cómo un  perro presenta Internet a otro perro diciéndole:”En Internet nadie sabrá que eres un perro”.
Las reglas sociales en el ciberespacio se han ido gestando en base a una auto regulación que le provee de características propias, con sus ventajas e inconvenientes. John Suler, psicólogo social que estudia las diferencias entre la comunicación mediada por ordenador y la “cara a cara”, introduce el siguiente concepto: “efecto desinhibición”.
Por una parte, la desinhibición benigna favorece la expresión abierta de emociones secretas, miedos y deseos sin censura, así como la práctica de actos excepcionales de bondad y generosidad. En el aspecto maligno, el medio facilita el lenguaje grosero, los comentarios despiadados, la agresividad e incluso las amenazas.

Causas del efecto desinhibición en el chat

  • El anonimato. Cuando las personas tienen la oportunidad de desvincular su conducta e identidad en el chat del “mundo real”, se sienten más dispuestos a abrirse y más protegidos. En el lado negativo, digan lo que digan no van a tener que responsabilizarse por ello ni se relacionará con el resto de su vida. Se produce un anonimato  por “disociación de las identidades”.
  • La invisibilidad. Esta característica de la sociedad virtual permite a todos introducirse en lugares y actuar de un modo que de otra forma no serían capaces. No existe la cohibición sobre el aspecto personal y la voz ni hay que  controlar la expresión de la cara. De este modo, el chatero se siente capaz de revelar sin inhibiciones sus sentimientos e inquietudes más íntimas.
  • Asincronía o reacción retardada. La comunicación en foros y mails, a diferencia de la mensajería, es asincrónica. Es decir, no se realiza en tiempo real, lo cual puede alentar la desinhibición aún más. Este hecho puede compararse a una situación en la que se dice algo demasiado íntimo o demasiado hostil y se sale corriendo para eludir la consecuencia inmediata.
  • Vemos lo que queremos ver. La ausencia de señales no verbales juntamente con el texto produce curiosos efectos. Asignamos características al otro de acuerdo con nuestras expectativas, deseos y necesidades. La interacción se hace fluida y desinhibida porque hemos construido en nuestra mente a nuestro interlocutor, por lo que este termina siendo nuestra propia creación. Le asignamos la voz e inconscientemente lo introducimos en nuestro cerebro. Imaginamos sus conductas en base a lo que él/ella nos ha querido mostrar. El personaje que imaginamos puede tener características de otras personas que conocemos o hemos conocido.
  • Pensar que es solo un juego (imaginación disociativa). Puede darse con frecuencia en el chat la idea de que sus miembros son actores en un mundo de sueños, separados de las demandas i responsabilidades del mundo real. Se puede llegar a separar o “disociar” la ficción online del mundo real. Algunos autores (Emily Finch) sugieren que algunas personas ven su vida virtual en los chats como un tipo de juego con reglas y leyes que no son iguales que las de la vida real. Cuando cierran el ordenador, sienten que dejan el juego y su identidad detrás. Y no se sienten responsables de lo que queda allí.

 

  • La nivelación del estatus. Las relaciones virtuales se nivelan en poder. Desaparece la figura ascendente o de autoridad y se establecen relaciones igualitarias, de compañerismo. Por esa razón, nadie se cohíbe al hacer afirmaciones transgresoras o comportarse mal.

Ante la igualdad de oportunidades que otorga la vida en el ciberespacio, lo que más determina la influencia sobre los demás es la habilidad de comunicarse (incluyendo la técnica con el teclado), la persistencia, la calidad de las ideas y la habilidad técnica.
De acuerdo con la filosofía tradicional de Internet, todos somos iguales: todos podemos decir la nuestra y podemos compartir recursos e ideas. De hecho, la red está pensada para no someterse a ningún control centralizado. A medida que crece su influencia, florece un infinito potencial para crear nuevos entornos en los cuales las personas somos exploradores independientes. Esta atmósfera favorece una desaparición de la autoridad.

 

Despiece
Cómo evitar los riesgos de la intimidad instantánea.

La intimidad instantánea puede  conducir a que dos extraños se sientan enamorados después de unas horas de chateo. Para evitar este síndrome, habría que tomar ciertas medidas de precaución.

  • Mantener la charla en tono amistoso y lúdico por un tiempo razonable. En el primer mes, por ejemplo.
  • Chatear en grupo durante un período para reducir la presión romántica entre los dos.
  • Mantener la guardia al sentir emociones románticas.
  • Procurar ser sensato y ralentizar el ritmo de la relación.
  • Darse un tiempo para revelar información muy personal.
  • Recordarse mutuamente de modo regular el poder de una intimidad injustificada y que las personas no se pueden conocer realmente hasta que no se dé un encuentro personal.
  • Espaciar un poco la relación cuando se viva como una adicción.
  • Comentar a los amigos reales lo que está pasando.
  • Mencionar estas inquietudes con el ciberamigo en el chat.
  • Intentar quedar en un lugar público para ver si se aprueba el examen de “química”

Algunos consejos:

  • Si se está a punto de teclear algo que daría pudor decir en persona, es mejor no hacerlo.
  • Utilizar el humor para aligerar las conversaciones “calientes” que se dan a menudo en los chats.
  • Recordar que los hombres tienden a abrirse más en el ciberespacio que en los encuentros cara a cara. Es posible que no repitan sus conductas online cuando estén en el mundo 3-D.
  • Por encima de todos los fenómenos que existen en el mundo online, la intimidad instantánea conduce a actuar de forma poco inteligente y a veces peligrosa. Por ejemplo viajar kilómetros para compartir cama con un extraño o incluso romper las parejas para consumar una relación online. Nunca habría que subestimar el poder de esta fuerza.


Permiso para soñar.

Para el sociólogo Francesc Núñez, las relaciones ciberespaciales poseen un poder de atracción incontestable: la posibilidad de soñar. La carencia e imprecisión de señales y contextos socioculturales conduce a que los  participantes los creen y completen las lagunas con su imaginación. La comunidad virtual ofrece, al igual que los sueños, la oportunidad de experimentar con los propios sentimientos sin tener que sufrir las consecuencias que esto produciría en el mundo real: la fantasía, la espera imaginativa, la simulación de personalidades, la expectativa abierta ante lo que puede pasar, la posibilidad de presentarse y aparecer como uno quiere o querría ser y la proyección de las propias necesidades. Una fábrica de sueños, como dice Núñez. Con la ventaja de ser interactivos.

 

 

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