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La hipocondría.

Isabel Larraburu

La hipocondría. PDF Print E-mail
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Magazine La Vanguardia

La preocupación excesiva por la salud es un trastorno de ansiedad muy relacionado con las obsesiones. La ansiedad es una respuesta normal y necesaria que forma parte del repertorio humano y que tiene como finalidad alertarnos ante peligros posibles, avisándonos, preparando nuestro cuerpo para la defensa y la huída y enseñándonos a evitar las situaciones peligrosas.

El aviso de los peligros puede provenir de situaciones externas, como por ejemplo, una autopista cargada, un barrio inseguro, o de situaciones internas, subjetivas, provocadas por nuestros propias inquietudes. La percepción subjetiva de peligro.

Un tipo de pensamiento que causa ansiedad y nos altera el cuerpo para

prepararnos para la defensa o la huída es la preocupación excesiva, la

preocupación cargada de emoción, poco asentada en fundamentos reales y

estadísticamente probables.

La preocupación excesiva por el estado del cuerpo.

Un estado de estrés puede alterar todos los sistemas corporales. Por otra parte , el estrés interfiere en nuestras percepciones y nos puede hacer ver las situaciones como más difíciles de solucionar, más complicadas. Igualmente, el estrés afecta y distorsiona la visión de nosotros mismos, nos hace sentir más inseguros y desprovistos de recursos para solventar posibles dificultades. En resumen, las situaciones estresantes afectan nuestra percepción promoviendo que veamos los problemas más grandes de lo que son y a nosotros mismos más indefensos de lo que realmente somos.

El estrés afecta el cuerpo.

No es desconocido para nadie que los estados de estrés se acaban reconociendo por el estado del cuerpo. Todo los sistemas están conectados al cerebro. Sistema cardiovascular, endocrino, gastrointestinal, piel y demás. Si a esto añadimos que con la edad tenemos más vulnerabilidad a malestares menores, los llamados achaques, nuestro sistema de reconocimiento de señales que se sitúa en el ámbito

cerebral, es más proclive a la alerta. La ansiedad derivada del estrés y de la vida agitada nos hace magnificar el peligro ( en este caso los pequeños malestares), y nos hace sentir más débiles y enfermitos de lo que estamos realmente.

El cuerpo afecta la mente.

La entrada al circuito de las consultas médicas es como rascarse. Solo hay que empezar. Si se consulta a un facultativo con miedo, el profesional se convierte en un instrumento para reducir la ansiedad. En un ritual para tranquilizar. La ansiedad hace pensar que el pequeño achaque es algún tipo solapado de gran mal, como el cáncer o la prospectiva de infarto. La tensión crece y crece y llega al paroxismo alrededor de las pruebas y análisis, para reducirse bruscamente cuando el médico dice su opinión de que no pasa nada grave. El aspirante a enfermo se tranquiliza mágicamente y sale eufórico de la consulta. Invita a toda la familia

a celebrar a un buen restaurante. Pero su euforia es fugaz. Se desvanece a la primera señal de perturbación homeostática. Vuelve a desarrollarse la inquietud.

La pregunta: ¿ el médico lo habrá visto todo? ¿ será buen médico? ¿no habría que pedir más pruebas? ¿ y si consulto una segunda opinión? No tarda mucho el probable enfermo a pedir una consulta con otro médico, a lo mejor de otra especialidad. Este es el círculo infernal de la hipocondría. Palabra de infausta fama, tanto por su mala prensa como por la literatura burlesca que ha inspirado.

La mente afecta el cuerpo.

Cuando el aspirante a enfermo se angustia, cualquier prueba de que no está enfermo es poca. Empieza a preguntarse a sí mismo si lo que le pasa es normal, comenta con amigos y familiares sus síntomas con la secreta aspiración a que le digan que ellos también los han tenido y que no pasa nada. Utiliza a diario el aparato de presión arterial, el termómetro, el "palpómetro", la báscula para confirmar que no está perdiendo peso, camina con cuidado y despacio para que el corazón no se acelere, no se enfada, pero también intenta no tragarse la rabia para que no le suba la presión, su dulzura recuerda una geisha, y hasta teme tener relaciones sexuales, no sea que se le dispare el corazón.

Controlar la escalada.

La angustia por la salud puede moderarse en la medida que la persona mantenga ciertos controles sobre sí mismo. Como manifestación de ansiedad con características obsesivas, este síndrome tiene una clara tendencia a la auto regeneración, porque es una pescadilla que se muerde la cola. El estrés causa malestar físico, estas dolencias generan ansiedad, la ansiedad mantiene el malestar.

La persona afectada debería seguir ciertas recomendaciones para interrumpir el círculo de exacerbación:


  1. Dosificar las visitas y llamadas a los médicos.
  2. Las pruebas y análisis, así como la periodicidad de las visitas deberían ser a criterio del médico, no de la propia persona.
  3. No hacer preguntas directas o indirectas sobre los síntomas.
  4. Intentar hablar de las molestias lo menos posible.
  5. No dedicarse a observar el cuerpo con aparatos o palpaciones.
  6. Controlar los pensamientos sobre las enfermedades catastróficas utilizando los cálculos de probabilidades racionales y comprobados.
  7. Utilizar un cuadro de diálogo en el que la persona habla con un supuesto médico con mentalidad científica. Por ejemplo, si uno tiene un fuerte dolor de cabeza y le dice al médico que cree que es un tumor cerebral, el médico le preguntará en que se basa su sospecha.
  8. Pensar en todas las posibles causas del malestar, empezando por la más sencilla y leve hasta la más grave y comparar las probabilidades de cada una.

Si bien es cierto que un cuerpo de 50 años no es el mismo de la juventud, una cantidad de avatares cotidianos en el cuerpo son absolutamente normales. Con el paso de los años, habría que ir aprendiendo a convivir con la variedad de sensaciones que puede manifestar un cuerpo y entender que la variabilidad es la normalidad misma.

 

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