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Conferencia sobre fobias

Isabel Larraburu

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Institut Dexeus

Imaginemos un domingo  de verano,  en el que estamos volviendo de la playa por una carretera atestada de coches, donde cualquier distracción puede tener consecuencias dramáticas. Esta es una situación en la que nuestro sistema nervioso está alerta para la eventualidad de una acción rápida y oportuna ante la posibilidad de un frenazo brusco o de un adelantamiento arriesgado. La  ansiedad a este nivel moderado contribuye a evitar un accidente y conducir mejor, es decir, acrecienta nuestro rendimiento. Si estuviésemos aletargados no podríamos responder deprisa ante una emergencia. Nuestra ansiedad nos es útil para evitar errores por falta de atención. . En otras ocasiones la ansiedad es deseada y provoca placer. Observen, si no, a los admiradores de las carreras de Fórmula 1, los fanáticos de las películas de terror o aquellos a los que les encantan las montañas rusas.

Pero supongamos otro caso. Piensen en los estudiantes ante los exámenes. Todos hemos oído hablar de alguien que se quedó en blanco. Aquí, el exceso de ansiedad comprometió el rendimiento. Las tres situaciones pueden producir las mismas manifestaciones corporales o somáticas, pero no son vividas de la misma forma.
La ansiedad normal nace con nosotros, agudiza las percepciones, moviliza nuestra energía, acelera los reflejos y aclara los pensamientos. Se considera ansiedad patológica, o dentro de los límites de la enfermedad, aquella que presenta las siguientes características:
Es una emoción desagradable, que sugiere la inminencia de un peligro que no es evidente para los demás observadores.
La reacción fisiológica es más intensa y más persistente y se asocia a situaciones o cosas que para otros no son tan inquietantes ni amenazadoras.
Hace descender el nivel de funcionamiento y rendimiento general de las personas.
En casos severos incapacita para llevar una vida normal, conduciendo a la progresiva evitación de ciertas circunstancias.

Ansiedad y miedo.
Si nos atenemos al tipo de reacción fisiológica, los dos son muy parecidos, pero el miedo suele tener una causa más clara y evidente. El miedo es una reacción normal ante una amenaza real o imaginada. La reacción ante el miedo o la  ansiedad extrema puede darse en dos formas opuestas: la paralización muscular o bien la activación para la huida. No es infrecuente que estas reacciones se presenten en alternancia en la misma persona.
Las respuestas fisiológicas del miedo y de la ansiedad son muy diversas e involucran todos los sistemas del organismo : palidez, sudoración, dilatación de las pupilas, aceleración cardíaca, tensión muscular, temblor, sequedad de boca, respiración rápida, opresión o dolor torácico, sensación de nudo en el estómago, náuseas, urgencia de orinar o defecar, dificultad respiratoria, hormigueo en pies y manos, sensación de estar flotando, flojedad de piernas, pseudo vértigo, sensación de desmayo.
Miedo y fobia.
El miedo común es algo conocido por todos. Los miedos reales, como el de ser asaltado en calles oscuras y poco transitadas, o el de ser mordido por un insecto venenoso no impiden que salgamos a la calle enfrentándonos al riesgo con mayor o menor fortuna. Somos capaces de superar fácilmente nuestro temor y plantarle cara. La diferencia entre el miedo normal y la fobia está en el grado de incapacidad de afrontarlo. Una persona que vive en el séptimo piso y es incapaz de subir en el ascensor y sube y baja esos pisos 4 veces diarias está invalidado por su  miedo para desarrollar una vida normal. En este caso el miedo es anormal y corresponde a una fobia.
La fobia es un tipo especial de temor que es desproporcionado a la situación, no puede ser corregido con razonamientos, supera el control voluntario del afectado y conduce a evitar el objeto temido.
Normalmente las personas fóbicas reconocen que su miedo no es racional y que las otras personas no temen lo mismo que ellas. Se considera que la fobia es irracional porque las explicaciones y razonamientos no modifican su condición. La desproporción entre la magnitud del objeto fóbico y la reacción que desencadena es muy palpable en los casos como el de las palomas, agujas o mariposas, pero es aún superior en las fobias complejas, como la fobia a salir de casa o la cancerofobia. El enfrentamiento a la fobia es tremendamente generador de ansiedad pero esto se ve potenciado por el ensayo mental anticipado de la experiencia que hace el fóbico. A esto se le llama ansiedad anticipatoria, que no es más que el miedo a tener miedo y que actúa como una nueva fuente de ansiedad.
Para atenuar este malestar el paciente trata de eludir tales circunstancias, modificando y limitando sus actividades cotidianas. El fóbico a los pájaros trata de esquivar las plazas donde es probable encontrar pájaros en los árboles, para acabar confinándose en sus lugares seguros. Desafortunadamente, existen muchas situaciones difíciles de evitar como encontrarse con perros, viajar en transportes públicos o ir a comprar, por lo que la vida del fóbico puede resultar seriamente perturbada. Por otra parte, la falta de comprensión de otras personas es más preocupante cuanto más inofensivo y vulgar sea el objeto. La gente que no sufre ese problema difícilmente puede distinguir entre miedo y fobia.
Las fobias simples están vinculadas a un solo objeto o situación como los animales pequeños, lugares cerrados, tempestades, gatos o palomas. Muchas personas sufren  este trastorno, pero normalmente no demandan ayuda terapéutica porque pueden sustraerse fácilmente de su presencia. Pero, si por mala suerte, se deparan con su objeto fóbico, invariablemente tienden a huir lo más rápido posible.
Esta es una relación de las fobias simples más frecuentes y sus nombres:


Alturas/ Acrofobia
Espacios abiertos/ Agorafobia
Gatos/ Ailurofobia
Tempestades/ Asterofobia
Rayos/ Ceraunofobia
Lugares cerrados/Claustrofobia
Perros /Cinofobia
Caballos/ Equinofobia
Suciedad, gérmenes/ Misofobia
Serpientes /Ofidiofobia
Oscuridad /Nictofobia
Fuego/ Pirofobia

Animales / Zoofobia

La acción de escapar del peligro requiere una fracción de segundo en la cual los impulsos nerviosos viajan desde los sentidos hasta el cerebro para alertar una serie de respuestas musculares y glandulares que aceleran el corazón para empujar la sangre hacia los músculos y profundizan la respiración para proveerlos de oxígeno. De este modo el organismo se prepara para la lucha o la huida.
De la crisis de pánico a la agorafobia.
La crisis de pánico es una explosión de ansiedad inesperada y súbita que va acompañada de reacciones corporales de gran intensidad. Con frecuencia eso se vivencia como una sensación de muerte inminente o de estar volviéndose loco. Puede prolongarse entre unos pocos minutos hasta algunas horas.
Estos ataques pueden presentarse en un escenario fóbico, pero la mayor parte de las veces, ocurren espontáneamente y cuando menos se espera, como viendo la televisión o incluso durante el sueño. Las crisis de pánico son comparables a las alarmas antirrobo que se disparan sin motivo,  o también a la expulsión del vapor de una olla a presión al retirarle la válvula. El llamado trastorno por crisis de pánico se distingue de las fobias simples porque, aparentemente, la ansiedad no está conectada a ningún desencadenante concreto. Si bien no está clara aún la causa por la que algunas personas sufren de ansiedad en forma de crisis, en cambio sí se conocen los mecanismos por los que muchos terminan transformándose en agorafóbicos.  La agorafobia, ya en la esfera de las fobias complejas, es la consecuencia de la aparición repetida de las crisis de pánico. Es fácil deducir porqué. Mientras el fóbico a los perros sabe que se altera invariablemente cuando se encuentra con un perro, aquél que padece crisis de angustia no es consciente de lo que las producir. Por tanto, se siente atrapado por los caprichos de su sistema nervioso sin opción de huida. El estado de indefensión al que está sometido, incrementa sus niveles de ansiedad anticipatoria hasta límites extremos, introduciéndolo en una espiral de miedo: el miedo a tener miedo.
Así, podría decirse que el temor central del agorafóbico son sus propias vivencias internas. Las limitaciones del agorafóbico para desarrollar una vida normal pueden ser tan incapacitantes, que una persona puede estar encerrada   en su casa el resto de su vida. Sin embargo, con frecuencia la limitación es parcial, impidiendo que salga sin compañía, tomar transportes públicos, cruzar calles, ir a supermercados, mantener una cola en el cine.
Las fobias complejas son :
Más incapacitantes que las simples y dificultan la vida normal.
Compuestas por más de un tipo de fobia.

El agorafóbico puede presentar claustrofobia, acrofobia, y temor a las enfermedades como la hipocondría.
Las fobias sociales son estados de timidez excesiva en el terreno social que conducen a la evitación sistemática  de ese entorno. También pueden producir crisis de ansiedad.
Las compulsiones consisten en la repetición de acciones o rituales con la finalidad de reducir consecuencias negativas, como las enfermedades, la contaminación o el daño a los seres queridos. Este trastorno, el trastorno obsesivo compulsivo, es bastante invalidante porque puede hacer que la persona se pase muchas horas diarias ejecutando rituales.
El origen de las fobias.
Existen muchas explicaciones en psicología sobre el origen de las fobias. Nosotros nos vamos a basar en las dos teorías que se sostienen en base experimental, sin menoscabo de otros aportes conceptuales.
Creemos que, como todo proceso humano, las fobias son resultante de naturaleza y aprendizaje. Biología y entorno. En el caso de las fobias , un tipo de aprendizaje predominante, aunque no el único, es el aprendizaje por condicionamiento clásico. Por otra parte existe una predisposición genética para desarrollar una fobia.
Hacia 1920 del siglo pasado, Pavlov, un científico ruso, demostró la existencia del reflejo condicionado. Esto significa que se puede aprender mediante la asociación de dos hechos simultáneos. Si dos objetos, uno desagradable y otro indiferente o neutro eran presentados al mismo tiempo, el objeto neutro podría transformarse en desagradable para el sujeto. Es decir adquiría propiedades objeto desagradable. Para demostrar ese principio, otro científico, Watson, llevó a cabo un experimento en un bebé de once meses llamado Albert. No era un niño miedoso y , como su madre era enfermera, estaba familiarizado con el medio hospitalario. Le presentaron varios animalitos, máscaras desagradables, papeles quemándose, etc.. sin que expresara ningún temor. Se pretendía provocar una fobia experimentalmente. El método consistía  en depositar una rata blanca delante del niño y cuando el se acercase, producir un tremendo ruido a su espalda de forma súbita y repentina. El niño se asustó y lloró. Al cabo de una semana, repitieron el escenario. En el mismo momento en que se situó el hamster delante del niño, este rompió a llorar. En poco tiempo, su temor se generalizó a otros animales.
Si bien el condicionamiento es uno de los posibles orígenes de una fobia, también es cierto que solo una minoría de las fobias se genera por este procedimiento. No todos los fóbicos recuerdan incidentes desagradables como precipitantes. Por otra parte, no todas las personas que sí los han vivido acaban generando fobias. Por tanto, seguramente existen otros factores implicados en el aprendizaje.
Otro medio de adquisición de fobias es la transmisión por imitación –aprendizaje vicario- o la comunicación directa. Confirma esta hipótesis la experiencia con monos criados en laboratorio que, al reunirlos otra vez con sus padres , al cabo de ocho minutos reproducen las mismas reacciones fóbicas de estos ante las serpientes. En los humanos, los padres son los transmisores privilegiados, ya que además pueden utilizar la comunicación verbal. Piensen en la madre que deja a su hijito en la escuela por primera vez. El niño empieza a jugar tranquilamente, pero, antes de salir, la madre se gira para advertirle: “ No tengas miedo, volveré pronto. No llores.”  En ese preciso momento, el niño empieza su llanto.
El papel de la percepción y la memoria no son desdeñables en un fóbico, ya que intensifican el temor básico con la asociación de pensamientos  que agrandan el peligro y minimizan los recursos propios. Se sabe que las personas ansiosas procesan la información de un modo distorsionado y tienden a percibir la amenaza de modo exagerado.  
El mantenimiento de las fobias
Una vez adquirida la fobia esta persiste en el tiempo y se resiste a extinguirse. Los razonamientos y las evidencias no son demasiado eficaces para corregirla.  Esta persistencia de la fobia en el tiempo se debe a dos tipos de conductas que se dan en personas con tendencia a generar fobias:
La evitación del objeto o situación como respuesta instintiva que tiene como objetivo reducir la ansiedad.
La huida de la situación en el momento en que se empieza a experimentar incomodidad.

Estas conductas se producen porque también se aprenden. Los padres sobreprotectores pueden decirle a sus hijos que se aparten que viene un perro. O bien que los familiares colaboren a que la persona fóbica no pase miedo y lo alejen de sus temores sin ser demasiado conscientes de que eso puede acrecentar su fobia y cronificarla.
La genética
Existen diferencias individuales en la manera como percibimos nuestro entorno. Estas diferencias hacen que algunas personas procesen ciertos estímulos como amenazadores, reaccionando más intensamente,  mientras otras personas no reaccionen apenas. Esta reacción diferencial está marcada por nuestro sistema nervioso de una manera heredada. Por otra parte, mientras experimentamos, vamos adaptándonos a las nuevas situaciones, percibiendo los hechos y aprendiendo de ellos. En el proceso de aprendizaje, las células nerviosas van formando nuevas conexiones por medio de impulsos eléctricos y neurotransmisores. Uno de esos aprendizajes son las fobias.
La  herencia genética puede hacer que haya personas que tengan una especial sensibilidad para captar mensajes de amenaza del exterior, por ejemplo, hechos que salen de lo normal y no están en el contenido de la memoria y que reaccionen de una manera más intensa . Existe un área cerebral, llamada área septo-hipocámpica que funciona como un comparador:  si ocurre algo en el entorno que sale de lo habitual y no está grabado en la memoria, se conectan  los dispositivos de alarma de todos los sistemas. En el caso de las fobias, cuando el mensaje de miedo llega al cerebro, los sistemas conectados se ponen en marcha involuntariamente.
Así vemos que la conducta y la química no son sistemas desconectados sino todo lo contrario. Todo aprendizaje, bueno o malo, queda grabado en las células nerviosas.
Tratamiento
El tratamiento psicológico, cualquiera que sea, actúa siempre y cuando motive al paciente a exponerse a la situación fóbica.
En el ámbito de la terapia del comportamiento el tratamiento de exposición es, hasta el momento, el más eficaz, según demuestran estudios experimentales que investigaron las fobias simples. Sin embargo, en el caso de las fobias complejas, como son las compulsiones, la fobia social y la agorafobia, el tratamiento tradicional consiste en terapéutica farmacológica asociada a las técnicas cognitivo-conductuales. Existe  más dificultad para tratar las fobias complejas que las simples.

 

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